En un estado con tantas carencias sociales y retos urgentes en salud, transporte, seguridad y educación, los gobiernos de Quintana Roo se han dado el lujo de enterrar cientos de millones de pesos en dos proyectos que, lejos de enaltecer el desarrollo, representan la arrogancia, el derroche y la corrupción: la Megaescultura de Chetumal y el Auditorio del Bienestar de Cancún.
Ambas obras fueron promovidas con discursos grandilocuentes: la primera como un “Homenaje al Mestizaje Mexicano”, la segunda como un centro para grandes espectáculos deportivos y culturales.
Hoy, una sigue inconclusa después de más de dos décadas; la otra, cerrada, vandalizada y abandonada desde el día siguiente de su inauguración en septiembre de 2016.
La Megaescultura: una mole que traga millones
Desde que Joaquín Hendricks colocó la primera piedra en 2003, la Megaescultura ha recibido más de 385 millones de pesos en inversiones documentadas, aunque estimaciones extraoficiales apuntan a que el monto real podría acercarse a los 500 millones.
Sin embargo, si actualizamos esas cifras históricas a valores de 2025 —considerando la inflación acumulada— el costo real de esta obra para el erario asciende ya a más de 660 millones de pesos. Una cifra escandalosa para un proyecto sin utilidad social.
A pesar de ese gasto monumental, la obra nunca fue terminada como se proyectó originalmente. Ningún gobierno tuvo el valor —ni la voluntad— de cancelarla o darle un sentido útil. Se le han hecho ajustes estéticos, se instalaron fuentes danzantes que funcionaron muy poco tiempo y se habilitaron espacios internos que no reciben visitantes.
¿Resultado? Una estructura gigantesca a la que es imposible llamar “atractivo turístico”, sin retorno social ni económico alguno. Un símbolo del abandono institucional.
Vale la pena recordar que las inversiones realizadas en la Megaescultura durante la administración de Carlos Joaquín estuvo destinada a adaptar el inmueble como sede de la Secretaría de Turismo federal, como parte del plan del presidente López Obrador de descentralizar las dependencias federales y trasladarlas a distintos estados. A Quintana Roo le correspondería Turismo. La remodelación comenzó, pero la mudanza nunca se concretó, y el edificio terminó convertido en una bodega vacía con remodelaciones inconclusas.
Auditorio del Bienestar: promesa que terminó en ruina
No es mejor la historia del Auditorio del Bienestar, que costó más de 244 millones de pesos a precios de 2015-2016 y fue inaugurado de prisa, sin estar terminado ni cumplir con normas mínimas de construcción. Se levantó sin red contra incendios, sin baños funcionales ni accesibilidad.
Por razones políticas, durante seis años el gobierno de Carlos Joaquín no hizo nada para rescatarlo. Prefirió dejarlo como un monumento más a la corrupción de su “buleador” Roberto Borge, sin reparar que esa omisión también representaba una forma de complicidad.
Hoy el auditorio está invadido por grafitis, saqueado por el vandalismo, y con riesgo estructural, debido a que las paredes que debían ser construidos de manera sólida, se hicieron con tablarroca.
Un nuevo intento de redención
Frente a este panorama, la gobernadora Mara Lezama anunció una inversión de 200 millones de pesospara rescatar y transformar el Auditorio del Bienestar, lo cual representa una oportunidad histórica. No sólo porque podría darle a Cancún un espacio público valioso, sino porque envía una señal de que el abandono y el despilfarro no deben ser política de Estado.
Estos dos inmuebles deben servir de ejemplo de que no puede haber más “megaproyectos” sin planeación, sin utilidad real, sin impacto social.
No puede seguirse premiando la ocurrencia por encima de la necesidad.
Porque mientras la Megaescultura sigue siendo una mole sin alma y el Auditorio del Bienestar un cascarón vacío, los quintanarroenses continúan esperando clínicas dignas, transporte decente y espacios culturales reales.
Mara Lezama ha trazado el rumbo para terminar con ese círculo vicioso. El rescate del Auditorio es necesario, pero no es un esfuerzo aislado, no es una ocurrencia.
Es parte de un plan de reinvindicación y justicia social que incluye la construcción de hospitales, equipamiento de escuelas y un plan de movilidad urbana, como el que están en marcha para Chetumal y Cancún.
Mara asume la responsabilidad histórica de poner fin al abuso, al despilfarro y gobernar con planeación y resultados.- J.C.S.C., julio de 2025.