Hoy, la zona maya recuerda el levantamiento de Manuel Antonio Ay, Cecilio Chi, Jacinto Pat y otros caudillos que, cansados de las injusticias, decidieron quitarse el yugo de la explotación impuesta por los hacendados peninsulares y por los impuestos de la Iglesia. Este hecho ocurrió hace 178 años.
Permítame el lector compartir lo que este periodista imaginó sería el discurso de Cecilio Chi, tras el asesinato de su amigo Manuel Antonio Ay en el barrio de Santa Ana, en Valladolid, Yucatán. Este discurso aparece en la novela de mi autoría titulada “El Gavilán de X’Balam Naj”.
“En la reunión, Ikal Bej pudo observar a los caciques de Chichimilá, Manuel Antonio Ay; de Tixpéhual, Alejandro Tzab; así como a Francisco Uc, del barrio de Santiago en Mérida; Gregorio May, de Umán; y los caciques de Chicxulub, Conkal y Motul.
Al tomar la palabra, Cecilio Chi se dirigió a los presentes haciendo una reverencia, inclinándose ligeramente hacia adelante, y dijo:
‘Con el permiso de la Madre Tierra en la que caminamos todos los días; con el permiso de nuestros dioses, que manifiestan su voluntad a través de la naturaleza; con el permiso de nuestros antepasados, que nos observan desde las estrellas; y con el permiso de ustedes, mis hermanos y hermanas que día a día luchan por salir de la miseria en la que nos han dejado aquellos que nos arrebataron la tierra, el agua y la selva… esos que intentan despojarnos de nuestra identidad milenaria, pero que hasta ahora no lo han logrado.
Sí, es verdad, nos han impuesto un idioma, pero nosotros seguimos hablando el lenguaje de los dioses.
Antes de la guerra de Independencia, teníamos nuestras tierras, éramos libres en esta parte heredada de nuestros antepasados. Las pruebas están ahí: en las construcciones de Uxmal, Chichén Itzá, Cobá, Tulum, Calakmul, El Tigre, Balamkú, Chicanná, Xpuhil, Becán, Hochob, Edzná, Palenque, El Petén, Dzibilchaltún y en muchos pueblos diseminados por todo el territorio peninsular.
También podíamos cultivar nuestra milpa, nuestro frijol, nuestras calabazas, que alternábamos con jitomates, chiles, camotes, yucas; criar nuestros animales de patio y disfrutar de los frutos de nuestros árboles sin pedir permiso a nadie, más que al propio árbol.
Yo crecí en un hogar donde veía a mi madre ataviada con prendas bordadas, soguillas de oro, aretes de diferentes tipos —y aquí tengo una muestra de ello. Los hombres usaban sombrero de paja, camisa y pantalón de manta, y unas buenas alpargatas.
Pero llegó la Independencia, y como dicen los abuelos: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Desde entonces, hemos venido perdiendo nuestras tierras por la expansión de las haciendas, dirigidas por los blancos, por los criollos que, en contubernio con la Iglesia, nos despojan cada vez más de lo que es nuestro. Nos contratan para trabajar, pero por salarios miserables, y sin horario definido. Algunos trabajamos hasta dieciocho horas al día, sin remuneración justa.
Somos quienes le ponemos la espalda al sol, la misma espalda que recibe los latigazos del capataz cuando decide que nuestro esfuerzo no fue suficiente.
Nos han impuesto una religión que nada tiene que ver con la nuestra.
Destruyeron nuestros centros de adoración y nuestros espacios ceremoniales.
No les importó la niñez de nuestros hijos para mandarlos a trabajar, ni la juventud de nuestras mujeres para pedir el derecho de pernada —algo que considero abominable a los ojos de nuestros antepasados…
Es nuestra responsabilidad conservar nuestros orígenes, porque nuestra sangre ha estado aquí desde tiempos milenarios.
Hemos heredado una cultura incomparable, pero nos han hecho creer que somos inferiores. No es así.
Nuestro idioma es tan importante como el suyo. Nuestros cuerpos son más estilizados. Somos más limpios. No conocíamos enfermedades hasta su llegada.
No permitamos que estos extranjeros nos dividan.
Solo la unidad nos podrá sacar adelante.
Somos ramas de un mismo árbol, semillas de una misma planta, gotas de agua de un mismo cenote.
Quiero que lleven este mensaje a los demás hermanos. Que nadie quede fuera de lo que pensamos hacer.
Nos estamos organizando para lograr el mejor resultado.
Hay que romper esas cadenas silenciosas que nos han impuesto: por un lado, la Iglesia; por otro, los hacendados.
Ya no podemos caminar libremente por nuestra propia tierra. Eso es abominable para cualquiera con raíces aquí.
Creo, junto con Manuel y Jacinto, que la libertad de todos es también la libertad de uno mismo.
Para poder crecer, debemos quitarnos el yugo y la tutela del blanco.’”
El propósito de conmemorar los 178 años del levantamiento social maya es recordar que la Gran Cultura Maya está viva entre nosotros, con su lenguaje, sus costumbres y sus tradiciones. Solo falta que nosotros mismos la respetemos y fomentemos su expansión.
Ahí se las dejo…
SASCAB
Por cierto, el equipo de comunicación e imagen de la presidenta municipal de Benito Juárez ya no sabe qué hacer ante la caída estrepitosa de Ana Patricia Peralta de la Peña en las encuestas de preferencia rumbo a la candidatura a la gubernatura en 2027.
No es para menos: la situación que prevalece en materia de inseguridad en Cancún sobrepasa los límites de las propias autoridades. Ni siquiera el cambio de mando en la Secretaría de Seguridad Ciudadana Municipal ha podido revertir esta mala imagen.
Cada día se acumulan más hechos delictivos que afectan directamente a la sociedad.
El ejemplo más reciente: la menor herida en una balacera hace unos días.
Al tiempo…




