Cancún, 19 de septiembre (InZoom.Mx).– La vida da giros inesperados y a veces obliga a ponerse en el lugar de aquellos a quienes se ha ayudado. Eso le ocurrió al arquitecto Roberto López Vázquez, presidente de la Fundación Vivacar, quien tras un accidente que lo llevó a una cirugía de emergencia hoy utiliza una silla de ruedas, justamente como las que su fundación entrega a personas en situación de vulnerabilidad.
“Nadie está preparado para un accidente. A mí me llegó de imprevisto y afortunadamente contábamos con la silla, lo que me permitió moverme y trasladarme al hospital. Ahora me toca vivir en carne propia lo que muchas personas enfrentan todos los días”, compartió durante la entrevista.
Una fundación nacida de la resiliencia
López recordó que, en 2019, en plena pandemia, fundó una arrendadora de autos en Cancún. El proyecto prosperó y con el tiempo se convirtió en el motor para crear la Fundación VivaCar.
“Queríamos regresarle al estado un poco de lo mucho que nos ha dado. De ahí nació esta idea de brindar movilidad a quienes más lo necesitan”, explicó.
Este mes de septiembre, la Fundación VivaCar cumple su primer año de existencia, un periodo en el que ha logrado consolidarse como un referente en Quintana Roo gracias a su labor altruista y a la confianza de la comunidad. “Ha sido un año de mucho aprendizaje, de tocar corazones y de confirmar que la solidaridad puede cambiar vidas”, destacó su presidente.
El lema que guía la organización es “De la movilidad a la oportunidad”, un principio que hoy cobra mayor sentido para su fundador. “Me siento honrado de poder ayudar. Hay personas que viven esta situación y no tienen quién les tienda la mano. Eso nos motiva a seguir”, aseguró.
Corazón Sobre Ruedas: una silla cada tercer día
El principal programa de la fundación es Corazón Sobre Ruedas, con el que entregan una silla de ruedas cada tercer día en diferentes puntos de Quintana Roo. Las entregas se realizan tras un sencillo proceso de registro, que incluye un estudio socioeconómico y un sistema de prioridades que llaman “semáforo”.
“Si alguien acaba de ser operado y necesita con urgencia la silla, va primero. Si otra persona tiene una silla ya muy desgastada, también la apoyamos, pero tal vez un poco después. No se trata de competir, sino de atender a quienes más lo requieren”, explicó.
Las sillas no son estándar: hay modelos para diferentes necesidades, desde las más simples hasta sillas eléctricas. “Nos adaptamos al caso de cada persona. Algunas las necesitan solo de manera temporal, otras de por vida. Lo importante es que la movilidad les devuelva calidad de vida”, dijo.
Héroes sin capa: la fuerza de la solidaridad
Otro de los programas es Héroes sin capa, diseñado para quienes desean sumarse a la labor. “Mucha gente me dice: ‘Roberto, quiero ayudar, quiero poner mi granito de arena’. Entonces les damos la oportunidad de donar una silla, muletas o bastones. Ellos mismos acompañan a entregarlos al beneficiario. Esa experiencia cambia corazones y multiplica la ayuda”, comentó.
López explicó que gracias a este esquema han podido acelerar su meta de entregar una silla cada tercer día, ya que los donantes se convierten en aliados permanentes. “Para la persona que recibe la silla, ese héroe anónimo es quien le devolvió la esperanza”, agregó.
Historias que marcan
Durante la entrevista, el arquitecto recordó una anécdota que refleja el espíritu de la fundación. En una ocasión, mientras otra organización repartía despensas a cientos de personas, algunas abuelitas esperaban en la fila sin poder caminar. “Nos llamaron y llevamos tres sillas de ruedas. Las entregamos ahí mismo, aunque la fundación organizadora nos pidió que no participáramos porque no era ‘nuestro evento’. Nosotros no competimos, ayudamos. Ver la cara de esas abuelitas al recibir sus sillas es lo que nos mueve”, relató con emoción.
Una nueva mirada desde la silla
Vivir en carne propia la experiencia de depender de una silla de ruedas ha cambiado la visión del arquitecto López.
“Yo respeto mucho esta silla y espero no volver a usarla, pero cuando termine mi recuperación la voy a donar, porque alguien más la necesitará”, dijo.
También reflexionó sobre la importancia del respeto a los espacios para personas con discapacidad.
“Cuando veas un cajón de estacionamiento reservado, piensa: no te gustaría estar en mi lugar. Nadie quiere depender de una silla, pero quienes lo necesitan merecen respeto y apoyo”, expresó.
El trabajo no se detiene
A pesar de su recuperación, la fundación sigue activa gracias a un equipo de colaboradores comprometidos.
“Aunque me dijeron ‘estate quieto, Roberto’, no podemos parar. Hay un gran equipo con un corazón enorme que sigue en las calles entregando sillas y ayudando a las familias”, afirmó.
La labor de Vivacar no se limita a Cancún. Han realizado entregas en Chetumal, Bacalar, Isla Mujeres, Lázaro Cárdenas y Tulum, además de donaciones a estancias y empresas que requieren sillas para movilizar a sus visitantes.
“Una silla de ruedas abre puertas, devuelve independencia y cambia la vida no solo de la persona que la recibe, sino también de su familia”, dijo López al final de la entrevista, con la voz entre la gratitud y la esperanza.
Quienes deseen apoyar la labor de la fundación o convertirse en un “héroe sin capa” pueden contactarlos a través de sus redes sociales o al teléfono 998 484 2112.




