PLAYA DEL CARMEN, 27 de enero.- Un fenómeno inusual encendió las alertas en la franja costera de Playa del Carmen, luego de que una acumulación masiva de sargazo sorprendiera a autoridades y prestadores de servicios turísticos fuera de la temporada en que normalmente se presenta este problema.
La llegada del alga, estimada en cerca de mil toneladas, se concentró principalmente en un punto crítico del litoral urbano conocido como El Recodo. La magnitud del recale obligó a activar un dispositivo emergente de atención, en el que intervienen de manera coordinada la Secretaría de Marina, personal de la Zona Federal Marítimo Terrestre y trabajadores del sector turístico, con la finalidad de frenar la propagación del alga hacia otras playas de alta afluencia.
Las labores se desarrollan en un tramo que va de la calle 12 hasta Constituyentes, donde el sargazo apareció de forma irregular, aunque con una acumulación mucho más intensa en El Recodo. En ese sector, la fuerte erosión de la playa ha limitado el uso de maquinaria, por lo que el retiro se realiza completamente a mano.
Una vez recolectado, el material orgánico es colocado en sacos y trasladado a zonas donde sí es posible el acceso de equipo pesado, para posteriormente ser enviado a su destino final conforme a los lineamientos ambientales vigentes.
Personal involucrado en las tareas reconoció que el trabajo resulta particularmente extenuante, debido a las condiciones físicas del terreno y a la imposibilidad de emplear métodos mecanizados directamente sobre la franja afectada. Aunque el arribo masivo de sargazo suele registrarse entre los meses de abril y septiembre en el Caribe mexicano, especialistas han señalado que las variaciones en las corrientes marinas y otros factores oceanográficos están provocando eventos adelantados y focalizados, como el que actualmente enfrenta Playa del Carmen.
De hecho, a principios de enero ya se había presentado un episodio similar en Playa Mamitas, donde se recolectaron decenas de toneladas, lo que refuerza la percepción de que el fenómeno está modificando su comportamiento habitual.
Las autoridades mantienen vigilancia permanente y acciones preventivas, conscientes de que una respuesta tardía podría traducirse en riesgos sanitarios, afectaciones al ecosistema costero y un impacto directo en la actividad turística, especialmente en playas urbanas con alta concentración de visitantes.




