Aiga sido como aiga sido, frase que marcó el pragmatismo de Felipe Calderón, hoy define la nueva política de supervivencia del grupo Xcaret.
Evidentemente, el consorcio caribeño ya no quiere otro sexenio negro y volver a tener conflictos con el gobierno federal y por eso actuó, con o sin presiones, para desinvitar a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid, de la entrega de los Premios Platino, una especie de Oscars iberoamericanos.
Díaz Ayuso es el equivalente a una gobernadora y una de las figuras centrales del Partido Popular español, con el que los panistas tienen amplia relación y por eso sus gobiernos le armaron diferentes actos, en los que la española arremetió fuertemente contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Toda la fuerza de la 4T enfrentó a la periodista y política española, quien remataría su visita en México asistiendo en Xcaret a la entrega de los Premios Platino, del cual el gobierno de la comunidad de Madrid es uno de sus principales patrocinadores.
Pero aún así, ante el épico enfrentamiento ideológico de Díaz Ayuso con la presidenta mexicana y otras figuras de la 4T, los directivos de Xcaret decidieron cortar por lo más sano y pedir a los organizadores del evento, amigos muy cercanos de la madrileña, que la desinvitaran, lo cual ocurrió.
No se sabe cuál fue el argumento o la excusa que usaron los directivos de Xcaret ante la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales y la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales, promotores de los premios, pero la información que le llegó y divulgó Díaz Ayuso, fue que los directivos de la empresa quintanarroense fueron presionados por el gobierno mexicano.
Ante ello, Xcaret emitió un comunicado desmintiendo que haya habido presiones, pero con o sin ellas el hecho demuestra que los empresarios que encabezan ese imperio económico mexicano aprendieron la lección y no quieren volver a enfrentarse a la 4T. Ya lo hicieron una vez y no les fue bien.
Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se negaron a dar facilidades para que sus terrenos sean utilizados para almacenar el balastro que se usó en el tren Maya. Incluso, en algún momento condicionaron el apoyo a que les otorgaran un permiso para construir una terminal para cruceros.
La respuesta fue una embestida del gobierno federal con clausuras a proyectos que tenían en marcha, incluso en Yucatán.
Pero ya con el gobierno de Claudia Sheinbaum, Miguel Quintana Pali y los suyos lograron recomponer su relación con la 4T e, incluso, el lujoso hotel de Xcaret, que hospeda a los nominados de los premios, fue inaugurado en un fastuoso evento encabezado por la secretaria de Turismo de la 4T Josefina Rodríguez Zamora y Altagracia Gómez Sierra, la influyente enlace de la presidenta con empresarios.
Con el antecedente de López Obrador y el litigio judicial que enfrenta por la prohibición del uso de elementos mayas en su publicidad y espectáculos, los de Xcaret entendieron que es mejor llevar la fiesta en paz con la 4T.
La foto de la inauguración del hotel con Rodríguez Zamora y Gómez Sierra marcó la hoja de ruta de esta nueva etapa: reconciliación a cambio de disciplina.
Aiga sido como aiga sido, el boicot denunciado por Díaz Ayuso es, en realidad, el pragmatismo de un consorcio que ya pagó el precio de la confrontación y no está dispuesto a costear una segunda factura.- Mayo de 2026z
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