CHETUMAL, 10 de julio.- A 115 kilómetros en línea recta de Mahahual, Belice autorizó uno de los proyectos de infraestructura más grandes de su historia: la expansión del puerto de la ciudad de Belice para convertirlo en un centro de carga comercial y turismo de cruceros con capacidad para recibir simultáneamente hasta cuatro megacruceros de última generación, los más grandes del mundo.
La aprobación ambiental fue otorgada por el Departamento del Medio Ambiente beliceño desde el 22 de junio de 2026, según consta en documentos oficiales, sin que mediara ningún anuncio público de relevancia, un silencio que ya genera cuestionamientos sobre la transparencia del proceso en el propio Belice.
El proyecto de Port of Belize Limited contempla el dragado de aproximadamente 8.6 millones de metros cúbicos de material marino, la construcción de muelles de aguas profundas, la ampliación de las instalaciones de carga y la creación de una isla artificial de manglar de 448 acres —unas 181 hectáreas— con el propio material dragado.
La autorización incluye condiciones ambientales como monitoreo continuo de la calidad del agua, medidas de protección para los manatíes, requisitos de gestión de residuos y fianzas de cumplimiento por cientos de miles de dólares.
De las lanchas a los colosos del mar
El salto que dará el puerto beliceño no es menor. Hoy, al carecer de muelles de aguas profundas, los cruceros deben fondear en mar abierto y trasladar a sus pasajeros a tierra en lanchas (tenders), lo que limita su operación a entre 1.5 y 2 millones de pasajeros anuales, con barcos medianos y un promedio de 150 a 200 arribos al año.
Con la nueva infraestructura, Belice podrá atracar de manera simultánea hasta cuatro embarcaciones de la clase Icon of the Seas, de 365 metros de eslora —más que la altura de la Torre Eiffel— y capacidad cercana a las 10 mil personas entre pasajeros y tripulación cada una. Con ello, el país vecino aspiraría a captar entre 4 y 5 millones de cruceristas anuales, más del doble de su volumen actual.
Ese flujo saldría, en buena medida, del mismo mercado que hoy disputa Mahahual, el segundo puerto de cruceros más importante de México.
El contraste con el sur de Quintana Roo
La autorización beliceña llega mientras del lado mexicano el panorama es el opuesto. Las ampliaciones y la certidumbre operativa de Costa Maya permanecen frenadas por restricciones e indefiniciones ambientales de las autoridades federales, como quedó de manifiesto en la controversia por el proyecto de Royal Caribbean en la zona.
A ello se suma el caso del Canal de Zaragoza y la Bahía de Chetumal: la obra estratégica para conectar el Mar Caribe con la capital del estado y detonar la economía del sur se encuentra suspendida e inconclusa, entre recortes presupuestales, complicaciones técnicas y trabas ambientales que el propio gobierno federal no ha resuelto.
El resultado es un doble rasero regional: mientras México mantiene bajo freno ambiental la infraestructura de su frontera sur, Belice avanza con un dragado descomunal que incluso creará una isla artificial, y se alista para quedarse con el turismo de alto impacto del Caribe Occidental.




