En vísperas de que Morena designe a quien será su virtual candidato a gobernador en Quintana Roo, la guerra sucia se acrecentó y alcanzó a la gobernadora Mara Lezama Espinosa, quien desde su incursión en la política se ha consolidado como uno de los referentes principales del morenismo nacional.
Y no es casual que el golpeteo en su contra se haya generado en el contexto del caso Rocha Moya, que ha puesto en prueba la unidad en torno a la presidenta Claudia Sheinbuam.
De hecho, el golpeteo en contra de Mara se origino luego de que la gobernadora quintanarroenses firmó, junto con los demás ejecutivos, una carta apoyando a la Presidenta ante el atrevimiento de Rocha Moya de reasumir sus funciones de gobernador, cuando es objeto de una investigación por graves acusaciones.
Evidentemente, la información sobre los supuestos viajes de la Gobernadora al extranjero en aviones privados solo pudo venir de la facción que está quedando marginado de la toma de decisiones a nivel nacional y que ve cómo su proyecto para quedarse con la gubernatura del estado ha terminado por naufragar.
A través de un medio capitalino, se difundió en los últimos dos dias que Mara, su familia y el senador con licencia Eugenio Segura Vázquez, la principal carta morenista para conservar la gubernatura de Quintana Roo, han realizado ¡CIENTOS! de viajes. Una cantidad de excursiones a Estados Unidos ridículamente exagerada, que solo podría realizar una persona cuya principal actividad es el ocio.
Según esas publicaciones, a lo largo de siete años Mara Lezama realizó 605 registros migratorios de entrada y salida del país entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025, de los cuales 283 estuvieron relacionados con aeronaves privadas.
Empecemos por lo obvio: los 605 registros de la publicación no son de una persona, como se pretende hacer ver. Serían en todo caso de cinco. La Gobernadora, su esposo, sus hijos, su hermano y el senador Eugenio Segura, sumados a lo largo de 2,555 días.
Pero si dividimos las cifras, el pretendido escándalo se desinfla: según la publicación, hubo entre 88 y 130 movimientos por persona en siete años. Eso no prueba un patrón de abuso, sino en todo caso una actividad normal de una familia acostumbrada a viajar.
Además, en relación con los presuntos 283 movimientos en aeronaves privadas, tampoco se trata de 283 vuelos. Cuando dos personas suben al mismo avión, cada una deja su propio sello migratorio. Contar pasajero por pasajero como si cada uno fuera un vuelo aparte, como se pretende sostener en la publicación, es inflar el número a propósito o por descuido, y ninguna de las dos opciones deja bien parado al reportaje.
Hecha la cuenta que corresponde, los 119 movimientos de la Gobernadora dan 60 viajes redondos en siete años. Uno cada mes y medio. Ese ritmo no habla de una funcionaria que abandonó Quintana Roo, habla del calendario normal de cualquier gobernadora con agenda binacional, ferias turísticas y compromisos internacionales que vienen con el cargo.
Y si de verdad viajara tanto como sugieren las mencionadas publicaciones, ¿dónde están los vacíos en su agenda pública? Comparecencias, firmas de convenio, giras, audiencias: ahí está, semana tras semana, sin los huecos de varios días que un ritmo de viaje tan frecuente habría dejado a la vista de cualquiera.
Al final el problema no es la gobernadora, son las matemáticas. Sumar sin dividir entre años y entre personas produce el titular que todos compartieron. Dividir, como corresponde, produce otra cosa: una funcionaria dentro del margen esperable para el puesto que tiene.
¿Cuántos de los que compartieron la información se tomaron el trabajo de analizar los números?
La cronología delata el objetivo. El expediente salió a la luz justo en la antesala del anuncio de la candidatura morenista al gobierno de Quintana Roo, y apuntó contra la gobernadora mejor colocada dentro del proyecto de la Presidenta, pretendiendo influir en la decisión final.
Pero el tiro llega tarde. La decisión sobre quién representará a Morena en 2027 no está en disputa: ya se tomó, y lo único pendiente es el anuncio formal. Ninguna suma mal hecha con registros migratorios va a torcer eso.
Lo que sí retrata, con nitidez, es a una facción que perdió la partida antes de que se repartieran las cartas y que ahora dispara contra Mara Lezama porque es lo único que le queda por hacer.
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