Barack Obama quiere que quien aspire a la candidatura presidencial demócrata de 2028 llegue a la campaña con un plan muy claro sobre la inteligencia artificial y lo vuelva eje de su oferta, porque la tecnología avanza muy rápido en manos privadas y, si nadie la controla, puede volverse peligrosa.
Lo dijo el jueves en una cena de recaudación de fondos en Manhattan, donde también a los líderes demócratas en el Capitolio, que si su partido recupera la mayoría el 3 de noviembre lo primero que haga sea abrir una conversación pública sobre la inteligencia artificial.
Hace unos días, en una universidad de Nueva York, afirmó que el gobierno del presidente Donald Trump no tiene la capacidad ni la voluntad de armar un marco regulatorio serio.
Lo que llama la atención es que la inteligencia artificial se volvió tema de campaña. Hasta Amy Kremer, integrante del Comité Nacional Republicano, reconoció que hacen falta reglas claras y pidió que sean los republicanos quienes las encabecen para no regalarle la bandera a la izquierda, frente a electores preocupados por el empleo, la privacidad y los centros de datos.
Mientras tanto, en México estamos en la lela. La discusión va por otro lado. Durante la semana que acaba de terminar la Cámara de Diputados dedicó diez horas a aprobar la reforma que prohíbe la doble nacionalidad a quienes aspiren a la Presidencia, a las gubernaturas o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Menos de 24 horas después de recibir la minuta, las comisiones del Senado ya la habían avalado sin cambios, y el pleno la votará el martes 29.
Todo ese empeño para una reforma que, como recordó el senador Luis Donaldo Colosio, repite en buena medida lo que el artículo 32 de la Constitución ya establece.
La inteligencia artificial, en cambio, puede esperar. El país llegó al segundo semestre de 2026 sin una ley general, y la reforma al artículo 73 que facultaría al Congreso para legislar sobre ella, no ha tenido la prisa que sí tuvo la de la nacionalidad.
Mientras en buena parte del mundo se encienden los focos rojos por los riegos de la inteligencia artificial, los legisladores mexicanos andan distraídos en otra cosa, están ocupados en frenar aspiraciones políticas con reformas absurdas. Por eso estamos como estamos y somos lo que somos.
Con el proceso electoral de 2027 encima, San Lázaro arrancó septiembre con 304 dictámenes acumulados sin llegar al pleno, y la prioridad de muchos legisladores es amarrar la siguiente candidatura para no quedarse fuera del presupuesto, porque eso es vivir en el error.
Y así, mientras a los legisladores de Estado Unidos les exigen un plan para poner un alto a una tecnología que amenaza a la humanidad, la prioridad de los legisladores mexicanos es demostrar que solo tienen el pasaporte mexicano, aunque renunciar a otra nacionalidad signifique renunciar muchas veces a su propia madre, por quien tienen esa segunda nacionalidad.
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