Mara Lezama cumple años este martes 29 de septiembre, tres días después de haber entrado al último año de su gobierno, ese tramo en el que los gobernantes suelen quedarse solos en el despacho mientras quienes les hacían honores buscan la atención de quien ocupará su lugar.
Pero en el caso de Mara las cosas son distintas. El 15 de septiembre pasado Morena designó a Eugenio “Gino” Segura como coordinador de la Defensa de la Transformación en el estado, la figura que lo perfila como candidato a la gubernatura en la elección del 6 de junio de 2027. Segura, de 32 años, fue secretario de Finanzas y Planeación de Mara Lezama entre 2022 y 2024 y de ahí saltó al Senado.
El hecho de que Mara Lezama haya tenido éxito no es menor, sobre todo tomando en cuenta que su experiencia en política y el ejercicio del poder es de apenas ocho años.
En 2016 Roberto Borge Angulo, curtido en las esferas del priismo hegemónico y en un ambiente en el que el ejercicio del poder es cotidiano, no tuvo la fuerza para que su proyecto sucesorio, José Luis “Chanito” Toledo, fuera el candidato del PRI. Al fracasar en su intento, soltó las amarras, dejó solo al candidato de su partido Mauricio Góngora Escalante, mientras los aspirantes derrotados, empezando por Toledo, desaparecieron de la escena pública, provocando una estrepitosa derrota del PRI y el Verde ante Carlos Joaquín, que meses antes había renunciado al tricolor para tomar los colores del PAN y PRD.
Carlos Joaquín era integrante de una de las familias más poderosas e influyentes, que marcó época en Quintana Roo y el sureste de México. Nunca logró armar un proyecto que le trascendiera. Más bien se fue sumando a la ola morenista.
Sin la experiencia política de sus antecesores, pero con un gran sentido común, Mara Lezama empezó a ocuparse de su sucesión apenas un año después de tomar posesión, y lo sostuvo hasta que recibió el visto bueno de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la dirigencia nacional de Morena.
Hay el pataleo de dos de los aspirantes que quedaron en el camino, pero sin la fuerza para poner en riesgo la sucesión, como sí ocurrió con Borge y con el propio Carlos Joaquín.
La apuesta tampoco se explica solo por la cercanía de Mara con Palacio Nacional. Se ancló en números que presentó en su cuarto informe, el 6 de septiembre en Chetumal.
Al inicio de su administración se cometía un homicidio doloso cada 13 horas y media; hoy el promedio es de uno cada tres días, una baja superior al 60 por ciento. Más de 200 mil quintanarroenses dejaron la pobreza, la deuda pública por habitante se redujo 53 por ciento y el estado, que no tenía una sola sala de hemodinamia, hoy cuenta con dos, en Cancún y Chetumal.
Hay pendientes, y no son menores. El sargazo sigue llegando pese a los más de 765 millones de pesos que el estado invirtió para contenerlo.
Pero el último año, que en otros sexenios fue de soledad en Palacio y Casa de Gobierno, para la Gobernadora arranca como si fuese el primer día de su gobierno, sin perder un ápice de fuerza, poder e influencia política.
El pastel de este lunes traerá las velas que correspondan. No vendrán solo de adorno: chisporrotearán a toda mecha y, como las de un velero, irán hinchadas de viento a favor.
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