CANCÚN, 7 de octubre.- La presión inmobiliaria, la fragmentación de los ecosistemas y la alteración de los flujos hidrológicos han degradado los manglares de Quintana Roo y dejan a las ciudades costeras más desprotegidas frente al cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, advirtió Aarón Enrique Hernández Siller, director de la Oficina Regional Sureste del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA).
De acuerdo con la información difundida, el estado ha perdido cerca del 60 por ciento de su cobertura original de manglares, sin que se precise el periodo de referencia.
Hernández Siller explicó que, al retirar el manglar de la franja costera, se elimina el primer escudo de contención ante los ciclones y la fuerza de los huracanes llega con mayor impacto a las zonas urbanas y la infraestructura. Señaló que la pérdida no se debe solo al desmonte directo para desarrollos turísticos o residenciales, sino también a la erosión de playas, al aumento sostenido de la temperatura de la superficie del mar y a la interrupción de corrientes de agua por obras viales. Ese conjunto de factores ahoga y seca de manera paulatina los humedales y provoca una “muerte diferida” de la vegetación que sigue en pie.
Según el Sistema de Monitoreo de los Manglares de México (SMMM) de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), Quintana Roo tiene una superficie total de aproximadamente 247 mil 17 hectáreas de manglar, la mayor extensión del país, con cerca del 27 por ciento del total nacional. El mismo sistema ubica en el estado mil 174 hectáreas en la categoría de “manglar perturbado”: zonas con alteración hidrológica, bosque muerto o en proceso diferido de degradación.
La mayor parte de la cobertura se conserva en áreas protegidas del centro y sur, como la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, mientras que la mayor fragmentación y presión ambiental se concentra en el norte: Benito Juárez, Playa del Carmen y Puerto Morelos.
En Benito Juárez, el SMMM registra una extensión remanente de aproximadamente 6 mil 705 hectáreas de manglar. Se estima que entre 180 y 250 hectáreas, principalmente en el entorno del Sistema Lagunar Nichupté, están en una condición de pérdida funcional y de capacidad de filtración.
Hernández Siller recordó que la Ley General de Vida Silvestre prohíbe alterar estos humedales, en su artículo 60 TER, pero señaló que la degradación funcional continúa en los hechos. La reducción de estas defensas naturales expone a la población a las marejadas de tormenta y degrada el filtro biológico que evita la contaminación del sistema lagunar y del Arrecife Mesoamericano.




