CANCÚN, 21 de octubre.- Este martes se cumplen 21 años de que el huracán Wilma tocó tierra en la península de Yucatán como categoría 4, con vientos superiores a 250 kilómetros por hora y rachas de hasta 295. Su lento desplazamiento lo mantuvo más de dos días sobre la región y convirtió a Cancún e Isla Mujeres en las zonas más afectadas.
Antes de llegar a costas mexicanas, Wilma alcanzó la categoría 5 en el Caribe y registró una presión mínima histórica de 882 hectopascales. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), la lluvia acumulada equivalió a una vez y media el promedio anual de Quintana Roo.
Una evaluación del Cenapred y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) cuantificó daños y pérdidas por 18 mil 773 millones de pesos en Quintana Roo y Yucatán. Cerca del 97 por ciento correspondió a Quintana Roo, y el turismo concentró alrededor del 94 por ciento de las pérdidas en el estado.
En la Zona Hotelera, más de 110 hoteles resultaron dañados o destruidos. Cientos de torres de transmisión y postes cayeron, lo que provocó apagones que se prolongaron por semanas en distintos puntos de la ciudad. El aeropuerto de Cancún permaneció cerrado unas 62 horas, lo que dejó varados a miles de turistas.
La erosión se llevó la arena de buena parte de las playas. Para recuperarlas, el gobierno federal destinó recursos extraordinarios a la rehabilitación de 12 kilómetros de litoral entre Punta Cancún y Punta Nizuc.
Los daños alcanzaron también viviendas, hospitales, escuelas, carreteras, puertos y redes eléctricas. Colonias cercanas al mar se inundaron y numerosas familias tuvieron que evacuar sus hogares.
Más allá de la reconstrucción hotelera, la crisis golpeó a trabajadores, transportistas, comerciantes y pequeños negocios que dependen de la llegada de visitantes, cuya recuperación tardó meses.
A dos décadas del fenómeno, Wilma se mantiene como referente para la planeación ante la temporada de huracanes en Quintana Roo: refugios, rutas de evacuación, comunicaciones de emergencia y la protección de manglares y dunas costeras que amortiguan el impacto de los ciclones.




