Fue el propio funcionario quien dio a conocer la decisión en una entrevista radiofónica al Sistema Quintanarroense de Comunicación Social, donde explicó que, aunque no se siente cansado, a sus 86 años ha comenzado a enfrentar problemas físicos que lo llevaron a presentar su renuncia.
Relató que durante la última visita presidencial en noviembre tuvo dificultades para mantener el ritmo de actividades, situación que ya había sido comunicada a funcionarios del gobierno federal como parte de su proceso de retiro.
Originario de Tabasco, Abreu Marín fue designado delegado federal en Quintana Roo al inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador en 2018, y fue ratificado en el cargo en 2024, con la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. En la misma entrevista, destacó que cuenta con una trayectoria de aproximadamente 55 años en la administración pública, siempre en el ámbito federal.
Como contexto político, su presencia fue notoria principalmente durante la primera mitad del gobierno de López Obrador, periodo en el que desarrolló de manera intensa sus actividades públicas y operativas. Posteriormente, por razones de salud, prácticamente desapareció de la escena pública durante varios años, con apariciones esporádicas, hasta que en los últimos meses comenzó a retomar de forma limitada algunas actividades y eventos oficiales.
En su momento, como ocurrió con todos los llamados “superdelegados” del país, su nombramiento generó una fuerte expectación política. Se llegó a plantear que su figura restaría protagonismo al entonces gobernador Carlos Joaquín González e incluso se habló de la posibilidad de un “gobierno paralelo” desde la delegación federal. Sin embargo, con el paso del tiempo ocurrió lo mismo que en otras entidades: los superdelegados fueron perdiendo peso político y visibilidad pública, quedando su papel reducido a funciones administrativas y de coordinación de programas sociales.




