NUEVA YORK, 25 de agosto.— Durante los últimos 30 años de su actividad criminal, Ismael “El Mayo” Zambada sobornó a militares, policías y políticos mexicanos para operar con total impunidad.
Así lo reveló este jueves en una audiencia a puerta cerrada en la Corte de Brooklyn, donde el narcotraficante hizo la declaración más importante de las últimas cuatro décadas sobre su vida y sus crímenes.
Durante 56 años de actividad criminal, que inició en 1969 sembrando marihuana, nunca fue detenido, hasta que ocurrió el año pasado en condiciones aún no aclaradas.
Zambada fue detenido el 26 de julio del año pasado, luego de que mediante engaños fue subido por la fuerza a un avión por uno hijo del “Chapo” Guzmán, en una operación pactada con agencias de Estados Unidos, del que los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum han exigido reiteradamente explicaciones, sin obtenerlas.

Eran 12:31 del día cuando Zambada, se declaró culpable de dos causas criminales —la 466 y la 262— ante el juez Brian Cogan, el mismo que sentenció a Joaquín “El Chapo” Guzmán y a Genaro García Luna. La sesión duró 43 minutos, y durante 25 de ellos, el llamado “juez de hierro” le preguntó una y otra vez si entendía que, al declararse culpable, renunciaba a cualquier apelación. La respuesta del capo fue clara y repetitiva: “!Sí, señor!”.
En su relato, Zambada hizo una cronología estremecedora:
• 1969: comenzó sembrando marihuana.
• 1980-2024: lideró la exportación de cocaína a Estados Unidos.
• Cifra brutal: 1 millón 500 mil kilos (1,500 toneladas) de cocaína fueron enviados bajo su mando.
• Ganancias: “Cientos de millones de dólares”, reconoció.
“Todo estaba bajo mi control”, dijo Zambada, quien admitió haber dirigido el Cártel de Sinaloa, pactado con socios colombianos y mantenido un ejército privado para garantizar su seguridad. También confesó que en los años 80 y 90, en medio de guerras entre cárteles, ordenó asesinatos de rivales, aceptando que en esa violencia también murieron inocentes.
Pero la declaración que cimbró la sala fue esta:
“Hice pagos durante 30 años a policías, mandos militares y políticos para operar libremente.”
Sobornos sistemáticos que confirman la corrupción transversal entre el narcotráfico y las instituciones.
El juez Cogan le preguntó si entendía la magnitud del caso. Zambada, asistido por un intérprete —porque dijo no hablar inglés “en lo absoluto”—, respondió siempre con calma. Incluso relató que su único problema de salud es un dolor de rodilla, sin tratamientos psiquiátricos ni enfermedades graves.
Estados Unidos calcula que podría confiscar hasta 15,000 millones de dólares en bienes ligados a su red criminal, superando el valor atribuido a El Chapo (12,000 millones). Si esa fortuna fuera legal, Zambada sería uno de los tres hombres más ricos de México, solo detrás de Carlos Slim y Germán Larrea.
En un momento clave, el juez le pidió:
“Dime, ¿qué hiciste?”
Y El Mayo respondió:
“Creé y dirigí una red criminal llamada el Cártel de Sinaloa. Participé directamente en su operación. Introduje cocaína a Estados Unidos desde 1980. Recibí cientos de millones de dólares. Reconozco el daño que causé a las sociedades de México y Estados Unidos. Asumo mi responsabilidad y pido perdón.”
Sus últimas palabras marcaron un punto de quiebre en la historia del narcotráfico: la confesión más larga y detallada hecha por un capo ante un tribunal estadounidense, confirmando lo que muchos sospechaban: medio siglo de crimen organizado que nadie tocó.




