Cuando un general estadounidense declaró públicamente que México era un refugio para espías rusos, el entonces presidente de México lo desestimó de inmediato.
“No tenemos información sobre eso”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador a los periodistas al día siguiente, en marzo de 2022.
No era cierto.
Sus principales asesores habían recibido reiteradas advertencias desde Washington sobre el aumento de las actividades encubiertas de Rusia en México, según nueve funcionarios estadounidenses y mexicanos actuales y anteriores. De hecho, López Obrador había sido informado directamente sobre el problema, de acuerdo con tres de los funcionarios estadounidenses al tanto de esas conversaciones.
La CIA incluso había elaborado una lista de más de dos decenas de espías rusos que se hacían pasar por diplomáticos, pero los funcionarios mexicanos se negaron a expulsarlos del país, afirmaron cinco de esas personas.
Varias de esas personas comentaron que hubo una promesa importante que Estados Unidos sí consiguió de México en 2023: bajo presión, México accedió a que los funcionarios estadounidenses opinaran sobre los rusos que solicitaran credenciales diplomáticas, y han rechazado a algunos de ellos.
Pero incluso después de que una nueva presidenta tomara posesión en México el pasado otoño, los espías rusos que ya se encontraban en el país no fueron expulsados, según seis funcionarios actuales y recién salidos.
“El gobierno mexicano ayudó, pero podría haber hecho mucho más”, dijo Juan González, director para asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Biden. “Les dimos nombres de espías rusos que se hacían pasar por diplomáticos en la embajada de Ciudad de México. Se trataba de espías experimentados, que habían participado en sofisticadas operaciones en toda Europa”.
La proximidad de México a Estados Unidos y la cobertura que proporciona el turismo para que operen los espías ha permitido a Moscú intensificar significativamente sus actividades de espionaje en el país en los últimos años, dicen las autoridades estadounidenses. Moscú puede volar con espías e informantes desde Estados Unidos a destinos de playa como Cancún, que millones de estadounidenses visitan cada año, lo que proporciona una fachada convincente que levanta pocas sospechas.
Según las autoridades, los espías y sus contactos se reúnen entre turistas, gente que toma el sol y surfistas, y transmiten información de inteligencia obtenida en Estados Unidos mientras utilizan México para eludir los sofisticados sistemas de vigilancia de Washington.




