CANCÚN, QRoo, 19 de febrero de 2026.— Lo que durante décadas fue un conjunto de viviendas populares construido a mediados de los años ochenta, hoy se ha convertido en territorio en disputa. La colonia Donceles 28, en la Supermanzana 64, enfrenta un proceso acelerado de transformación inmobiliaria impulsado por su cercanía con el lujo y la plusvalía de Puerto Cancún.
Vecinos salieron a manifestarse de forma pacífica para denunciar lo que consideran una presión inmobiliaria creciente: compra masiva de casas, demolición de viviendas originales y construcción de desarrollos de mayor densidad en una zona cuya infraestructura fue diseñada hace más de 35 años.
La protesta, más que un reclamo aislado por fallas técnicas, es una reacción directa a la gentrificación que —afirman— ya alcanzó este tradicional complejo habitacional.

De vivienda popular a zona de interés inmobiliario
Donceles 28 nació como un fraccionamiento accesible para familias trabajadoras. Durante décadas mantuvo un perfil residencial estable. Sin embargo, su ubicación estratégica —a unos pasos de avenidas como Bonampak y José López Portillo, y colindante con el entorno de alto poder adquisitivo de Puerto Cancún— disparó su valor en el mercado.
El contraste es evidente: del otro lado, torres residenciales, marina privada y desarrollos de lujo; de este lado, casas de interés social construidas en los años 80 que hoy multiplican su precio por la plusvalía de la zona.
Vecinos denuncian que inversionistas han adquirido múltiples predios para sustituir viviendas unifamiliares por edificios de mayor densidad, lo que ha comenzado a tensionar la infraestructura urbana.
Infraestructura rebasada
Habitantes señalan que la red eléctrica original supera las tres décadas de antigüedad y no fue diseñada para soportar la carga que hoy generan los nuevos complejos. Aunque algunos desarrollos instalan transformadores propios, estos terminan conectándose a la red existente, provocando —según los testimonios— apagones frecuentes en viviendas aledañas.
En materia pluvial, la situación es igualmente delicada. Por la baja altitud del terreno, las lluvias generan anegamientos recurrentes que alcanzan entre 20 y 50 centímetros en precipitaciones moderadas. Muebles y electrodomésticos han resultado dañados en distintas ocasiones.
Los vecinos proponen ampliar el cárcamo existente como solución estructural, en lugar de seguir perforando pozos de absorción que consideran insuficientes ante las condiciones del subsuelo.
Temor a la privatización de espacios
Otro de los puntos sensibles es el uso de estacionamientos y áreas de tránsito interno. Residentes expresaron preocupación por posibles restricciones derivadas de los nuevos desarrollos, lo que modificaría el acceso tradicional a espacios que históricamente han sido compartidos.
Para quienes viven ahí desde hace décadas, el cambio no es solo urbano, sino social: temen que el aumento de precios, la presión inmobiliaria y la transformación del entorno terminen desplazando a las familias originales.
Una discusión que apenas comienza
La manifestación concluyó sin incidentes, pero dejó clara la inconformidad. Los vecinos anunciaron que realizarán reuniones informativas para documentar fallas en servicios y vigilar el uso de áreas comunes.
Lo que ocurre en Donceles 28 refleja un fenómeno más amplio: el avance de la gentrificación hacia zonas tradicionales de Cancún, impulsado por la expansión de desarrollos de alto valor.
El contraste entre el Cancún de los años 80 y el Cancún de las torres residenciales ya no es solo visual. Ahora se traduce en tensiones por servicios, espacio público y permanencia. Y en Donceles 28, esa transformación ya se siente en la vida cotidiana.




