CANCÚN, 28 de octubre.– El maestro Enrique V., acusado de abuso sexual en agravio de exalumnas del Colegio Ecab, no se presentó este martes a la audiencia de formulación de imputación ante un juez de control, a pesar de haber sido notificado oficialmente por el juzgado.
Ante su ausencia injustificada, el juez ordenó una nueva notificación para que comparezca, pues como imputado tiene la obligación legal de responder ante la justicia. Sin su presencia, el proceso no puede avanzar, y las víctimas continúan a la espera de justicia.

Tres mujeres sobrevivientes de abuso sexual dentro de esta institución educativa comparecieron hoy ante el juzgado, más de un año después de haber presentado formalmente su denuncia, interpuesta en marzo de 2023. Los hechos ocurrieron entre 1987 y 2000, periodo durante el cual, según la denuncia, hubo diversas formas de manipulación y agresiones sexuales cometidas por el profesor Enrique V.G., en complicidad con la entonces directora Camila N.
Las sobrevivientes explicaron que tardaron muchos años en comprender y poner en palabras la violencia sexual sufrida, y que este proceso representa un paso crucial no solo para ellas, sino para todas las víctimas de violencia sexual infantil en contextos escolares.
“Durante años callamos por miedo, por vergüenza, por el poder que el agresor representaba. Hoy hablamos porque merecemos justicia, porque lo que nos pasó no fue culpa nuestra y porque entendimos que no éramos las únicas”, expresaron en un pronunciamiento conjunto.
El camino hacia la justicia ha sido largo, doloroso y lleno de obstáculos, marcado por revictimización institucional y desgaste emocional, pero también por la sororidad y el acompañamiento mutuo entre las denunciantes.
Aun con las dificultades, coinciden en un mismo propósito: no volver a callar.
“No buscamos venganza. Buscamos justicia, no solo por nosotras, sino por toda niña que esté al alcance de nuestro agresor. Es un depredador y sigue suelto.”
En un país donde la mayoría de las víctimas no llegan siquiera a denunciar, sostener un proceso judicial de este tipo ya es un acto de resistencia y dignidad.
El 28 de octubre no es solo una fecha judicial: es el resultado de meses de lucha, de miedo transformado en coraje, y del deseo de que ninguna otra persona tenga que pasar por lo mismo en silencio.
“Estamos aquí porque creemos que la justicia sí es posible. Lo hacemos por nosotras, pero también por todas las que no han podido hablar y por toda niña en peligro. Porque ya no tenemos miedo a ser escuchadas.”
Las denunciantes hicieron un llamado a los medios de comunicación y a la sociedad para visibilizar el caso y exigir que el agresor comparezca ante el juez, como lo exige la ley.
Subrayaron que este proceso no solo tiene un valor legal, sino también emocional y simbólico, pues cada paso hacia la verdad ayuda a que más personas reconozcan que lo que vivieron también fue abuso.
“Hablar, romper el silencio, nos permite entender que el silencio no nos protege. Aunque el proceso ha sido lento, seguimos firmes. Queremos que el juez escuche con perspectiva de género y que este caso marque un precedente.”
Finalmente, reiteraron que su lucha no es individual:
“Lo hacemos por nosotras, pero también por todas las que no pudieron hablar, por las que aún no se atreven y por las que vienen después. Porque hablar, aunque duela, es la única forma de sanar y de cambiar las cosas.”




