CIUDAD DE MÉXICO, 20 de agosto. — Durante la conferencia matutina de este miércoles, el director general de Tren Maya, Óscar David Lozano Águila, informó que se investigarán a fondo las causas del incidente ocurrido el 19 de agosto en la estación Izamal, Yucatán.
Aunque la administración insiste en calificarlo como un “percance de vía” —y no como choque o descarrilamiento—, lo ocurrido ha generado preocupaciones debido a una serie de reportajes previos relacionados con la calidad del balasto suministrado en ese tramo.
Lozano Águila explicó que un aparado de cambio de vía cambió de posición de forma intempestiva al paso del tren 304, lo que provocó que uno de sus bogies se saliera levemente de la vía y rozara con una unidad estacionada en el andén.
“Esto no debió haber pasado en el diseño… es una anomalía que tenemos que analizar” afirmó, asegurando que la seguridad de las 261 personas involucradas se mantiene como prioridad.
También confirmó la activación de la Comisión Dictaminadora de Accidentes Ferroviarios y la participación de la Fiscalía General de la República para peritos especializados.
Añadió que se revisará con proveedores como Voestalpine y Alstom la implementación de mecanismos adicionales de sujeción mecánica en los aparatos de vía.
La preocupación por este incidente aumenta al considerar investigaciones periodísticas que señalan que el tramo donde ocurrió el percance es el mismo en el que se utilizó balasto —la piedra fundamental bajo las vías— suministrado por una red conocida como “El Clan”, vinculada a Andy y Gonzalo “Bobby” López Beltrán, hijos del expresidente López Obrador.
Informes de Latinus documentan que este grupo, a través de intermediarios como Amílcar Olán, habría colocado miles de metros cúbicos de balasto sin pasar por certificaciones de calidad. Incluso habrían sobornado al laboratorio encargado de evaluar la piedra para evitar pruebas físicas y químicas .
En una llamada filtrada, Pedro Salazar Beltrán, primo de los hermanos López Beltrán, se refiere con cinismo al riesgo de descarrilamiento, señalando:
“Ya cuando se descarrile el tren (Maya), ya va a ser otro pedo” .
Latinus también reveló que los sobornos habrían sido de aproximadamente 80 mil pesos por cada revisión de balasto, pagados en parcialidades para asegurar que el material no fuera sometido a las pruebas debidas .
Es especialmente relevante que el tramo afectado pertenece al Tramo 3, zona anteriormente implicada en otro percance ocurrido en marzo pasado en Tixkokob, apenas unos minutos antes de Izamal.




