CIUDAD DE MÉXICO, 27 de agosto.- El martes 26 de agosto, la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Norma Piña Hernández, presentó su último informe de labores en una sesión marcada por los símbolos: un acto institucional, pero también solitario.
Los asientos vacíos hablaron tanto como las palabras. No acudieron los plenos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ni del Consejo de la Judicatura Federal (CJF). Tampoco asistieron los presidentes de las cámaras de Diputados y Senadores. En el propio pleno de la Corte faltaron ministras afines a la 4T, como Yasmín Esquivel Mossa y Lenia Batres, además del ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, identificado con el bloque opositor.
En contraste, se hicieron presentes ex presidentes del máximo tribunal como Guillermo I. Ortiz Mayagoitia y Luis María Aguilar Morales, así como los ministros en retiro Margarita Luna Ramos y Eduardo Medina Mora. También asistieron los consejeros de la Judicatura José Alfonso Montalvo Martínez y Liliana Mónica Benítez, cercanos a la ministra presidenta.
Desde el estrado, Piña defendió el papel de la Corte durante su gestión:
“No respondimos con estridencias, respondimos con sentencias. No apelamos nunca a la confrontación, apelamos a la razón, al diálogo y al derecho”.
Reconoció que durante dos años y ocho meses el tribunal enfrentó “condiciones de adversidad sin precedentes”, desde asedios y calumnias hasta agresiones directas, pero insistió en que la Judicatura no se detuvo. “Hoy concluye una etapa, no la misión. El rumbo del país no puede depender del aplauso ni del agravio”, sostuvo.
La solemnidad se rompió en momentos clave. La ministra Loretta Ortiz, presidenta de la Primera Sala, respondió a Piña —quien días antes afirmó que “la historia juzgará por sus sentencias”— con una frase dirigida:
“No esperemos a que la historia nos juzgue. La historia se escribe con cada decisión que tomamos, aquí y ahora”.
Después, Javier Laynez Potisek, presidente de la Segunda Sala, presumió los buenos números de cierre y subrayó un dato: la ministra Lenia Batres dejará 36 asuntos pendientes de resolución, frente a apenas algunos de otros ministros. Su intervención fue aplaudida de pie por los presentes.
Con este informe, no solo concluyó la gestión de Norma Piña, sino también una etapa de tres décadas iniciada en 1995 con la reforma judicial del presidente Ernesto Zedillo. A partir del 1 de septiembre, el Poder Judicial entrará en terreno inédito: el de jueces, magistrados y ministros electos en las urnas, producto de una reforma que ha dividido al país.




