En Cancún, los problemas de movilidad se acumulan más rápido que la capacidad de las autoridades para resolverlos.
El crecimiento del parque vehicular de motocicletas, bicicletas y patinetas eléctricas ha generado un verdadero desorden en las calles y, sobre todo, en las aceras, donde peatones y conductores se disputan el espacio de manera peligrosa.
Las motocicletas convencionales, ya contempladas en el reglamento de tránsito, circulan cada vez con mayor frecuencia en sentido contrario, invaden andadores peatonales y utilizan las banquetas como estacionamiento improvisado. La falta de vigilancia y la evidente ausencia de sanciones han provocado que estas conductas se normalicen, afectando la seguridad y el derecho de los peatones.
A este panorama se suma la llegada de los nuevos vehículos eléctricos, como bicicletas y patinetas, que son conducidos con gran velocidad sobre las aceras.
Sus conductores, temerosos de los automóviles, evitan circular por la vía pública y terminan convirtiendo a las banquetas en carriles improvisados. El resultado: transeúntes intimidados, peatones obligados a esquivar y un entorno cada vez más inseguro para quienes se trasladan a pie.
El problema no es menor. El espacio público está diseñado para que cada usuario tenga un lugar definido: los automóviles en las calles, las motocicletas en carriles autorizados, y los peatones en las banquetas. Cuando esa lógica se rompe, surge el caos.
Urge que las autoridades actualicen los reglamentos y, más importante aún, que los hagan cumplir. No basta con reconocer la existencia de nuevas formas de movilidad; se requiere ordenar su tránsito, crear infraestructura adecuada y garantizar sanciones a quienes incumplan las normas.
La ciudad no puede esperar. Cada día sin regulación es un día más en que el caos avanza, y con él, el riesgo de accidentes y la pérdida de la convivencia pacífica en los espacios públicos.




