En una reveladora entrevista de largo aliento con la cadena Univisión, con motivo del próximo lanzamiento de su libro Borderlands, el exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, puso sobre la mesa un replanteamiento estructural de la alianza de América del Norte.
Más allá de la coyuntura, el diplomático urgió a los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá a inaugurar una “nueva era” de integración profunda, advirtiendo que los actuales mecanismos son insuficientes para resolver las crisis de seguridad y las exigencias del mercado global.
Con un enfoque que entrelaza la historia del siglo XIX con las tensiones actuales de la transición política en Washington, Salazar trazó una hoja de ruta que desafía la retórica oficial en ambos lados del río Bravo.

El origen del problema: Una frontera “rota” como herencia de 1848
Para el exembajador, la crisis migratoria y de seguridad que se vive en los límites territoriales no es un fenómeno reciente, sino una herencia histórica mal atendida. Salazar afirmó categóricamente que “la frontera estaba rota y todavía está rota”, definiéndola como una consecuencia directa de la guerra entre México y Estados Unidos de 1848.
A decir del diplomático, tras el rediseño geográfico derivado de aquel conflicto, ambos países sumaron casi un siglo de distanciamiento institucional; recordó que no fue sino hasta marzo de 1947, con la visita de Harry S. Truman al Castillo de Chapultepec, cuando un presidente estadounidense pisó suelo mexicano en son de paz.
“La frontera está quebrada en muchísimos lugares porque no se le ha dado la atención o la prioridad de la parte de México ni de la parte de los Estados Unidos. Eso se tiene que componer”.
Salazar enfatizó que los esfuerzos aislados de infraestructura —como el puerto fronterizo Otay Mesa 2— han caminado a ritmos marcadamente lentos por burocracias internas, evidenciando que la frontera de más de 3,000 kilómetros requiere una modernización urgente y coordinada, dejando atrás los discursos de división y la política de muros.
Hacia la “Quinta Transformación”: Un nuevo acuerdo trilateral de seguridad
Frente al panorama del tráfico de fentanilo hacia el norte y el flujo ilegal de armas hacia el sur, el exrepresentante de la administración Biden fue tajante: los esquemas actuales de cooperación han caducado.
Tras recordar sus recorridos por estados con altos índices delictivos como Zacatecas o Chiapas, reiteró que “sin seguridad no hay prosperidad”, ligando directamente la paz social con la viabilidad democrática y económica de la región.
Como solución de fondo, Salazar acuñó un concepto que busca expandir la narrativa de la Cuarta Transformación: la Quinta Transformación (The Fifth Transformation). Esta propuesta no se limita a un plan doméstico, sino a la consolidación de un bloque norteamericano integrado, basado en el pleno respeto a las soberanías independientes.
Para concretar esta visión, planteó la necesidad de firmar un nuevo tratado internacional de seguridad entre México, Estados Unidos y Canadá. Según su análisis, este instrumento jurídico binacional y trinacional es el único camino para construir una “alianza de confianza” que sobreviva a los vaivenes de los gobiernos en turno.

Certeza empresarial: El T-MEC debe blindarse a largo plazo
En el rubro económico, el exembajador manifestó su preocupación por las posturas del actual gobierno estadounidense de Donald Trump encaminadas a revisar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) bajo esquemas anuales.
Salazar defendió vehementemente la necesidad de renovar el T-MEC de manera inmediata y con una visión de largo plazo. Explicó que el modelo de evaluación año con año introduce una volatilidad perjudicial para los mercados.
“Se necesita ese marco durable. Es lo que se requiere para que las empresas inviertan en México, inviertan aquí en los Estados Unidos. El entendimiento del derecho internacional y de la ley da seguridad”.
Bajo su gestión, recordó con orgullo, México y Estados Unidos se consolidaron como los socios comerciales más importantes a nivel mundial, un logro que, advirtió, no debe ponerse en riesgo por políticas proteccionistas o visiones cortoplacistas que fracturen las cadenas de suministro globales.
El trasfondo de la discordia: El misterio y las pruebas del caso “El Mayo”
Uno de los momentos más álgidos de la entrevista ocurrió cuando Salazar abordó la detención y traslado de Ismael “El Mayo” Zambada el 25 de julio de 2024, un evento que detonó lo que la prensa denominó la “pausa” en la relación de la embajada con el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador.
Las cartas sobre la mesa y el “silencio” de Palacio
Salazar dio lectura a extractos inéditos de su libro, detallando que la misma noche de la captura envió comunicaciones directas a López Obrador y al fiscal general Alejandro Gertz Manero para aclarar la postura de la Casa Blanca. Al día siguiente, el fiscal estadounidense Merrick Garland formalizó la notificación: “no fue nuestro avión, no fue nuestro piloto y no fue nuestra operación”.
A pesar de ofrecer reuniones inmediatas para desglosar la información, Salazar reveló que la respuesta del mandatario mexicano fue el vacío institucional.
“Esperé por sus respuestas. Pasaron las horas, nada… Para el lunes estaba claro que algo andaba seriamente mal. La puerta abierta de la que había disfrutado con el presidente pareció cerrarse de golpe”.
El misterio del Beechcraft en el museo
Al ser cuestionado sobre las suspicacias generadas por la exhibición del avión en el que se trasladó a Zambada en un museo de Nuevo México, Salazar desmintió la narrativa de que la aeronave perteneciera a agencias de inteligencia norteamericanas.
Aclaró que el aparato fue confiscado provisionalmente por las autoridades judiciales de EE. UU. tras el aterrizaje en el aeropuerto de Doña Ana. Su colocación en una muestra pública obedece de forma exclusiva a fines de memoria histórica sobre el combate al narcotráfico, y no a un uso operativo del gobierno estadounidense.
Cooperación abierta con la FGR
Frente a los señalamientos de opacidad, Salazar recordó que desde las primeras semanas del incidente, Washington operó bajo una política de “puerta abierta” con las instituciones mexicanas. Confirmó que mandos de la Fiscalía General de la República (FGR) cruzaron la frontera por Ciudad Juárez hacia El Paso para inspeccionar físicamente el avión Beechcraft y examinar toda la evidencia recolectada en el sitio del desembarque.
“El gobierno de México iba a hacer la investigación… Nosotros muchísimas veces, directamente al fiscal Gertz y a su equipo, estábamos ahí para cooperar con ellos”.
El factor del “susurrador”
El exembajador también arrojó luz sobre un pasaje de su libro donde menciona que un importante empresario mexicano —a quien apoda “el susurrador”— le advirtió que el presidente López Obrador mostraba una honda preocupación por las declaraciones que “El Mayo” pudiera ofrecer ante las cortes estadounidenses respecto a presuntos vínculos con la clase política.
Si bien Salazar acotó que él directamente no poseía evidencias de dicha colusión, reconoció que era un tema de conversación generalizado entre los círculos económicos y civiles que acudían a la embajada.
A modo de cierre, Salazar lamentó que un suceso que debió leerse como una victoria bilateral compartida contra el crimen organizado se convirtiera en un punto de quiebre diplomático.
Reiteró que solo mediante la transparencia mutua y un viraje hacia la cooperación institucional se podrá avanzar hacia la “nueva era” que el destino de América del Norte demanda.




