El fin de semana pasado, la dirigencia nacional de Morena se reunió en la Ciudad de México con quienes aspiran a ser candidatos a gobernador de la 4T en los 17 estados en los que habrá elecciones el próximo año, entre ellos Quintana Roo.

Las fotografías que se difundieron de cada una de esas reuniones abrieron una ventana desde la que se pudo observar quién tiene el sartén por el mango en el proceso de designación de candidatos.
En esas imágenes, Citlalli Hernández aparece sentada en la cabecera de la mesa, en el sitio de honor. A su derecha está Ariadna Montiel, dirigente nacional del partido. No se trata de un detalle inocente ni de un descuido. Es, más bien, un mensaje político.

Citlalli Hernández llegó al partido en abril. La presidenta Claudia Sheinbaum la sacó de la Secretaría de las Mujeres y la instaló al frente de la Comisión Nacional de Elecciones, el órgano que decidirá quiénes serán los candidatos a gobernares.
Este movimiento directo de la Presidenta, se dio justo cuando la relación con el PT y el Partido Verde comenzaba a tensarse y surgían diferencias internas en algunos estados. Para apagar los fuegos, Claudia Sheinbuam no envió a cualquiera, envió a su capataz de confianza.

Si bien Citlalli Hernández es fundadora de Morena, siempre formó parte de un grupo de mujeres con mayor cercanía política a Claudia Sheinbaum que al propio López Obrador. Distinto es el caso de Ariadna Montiel y de Luisa María Alcalde, ambas identificadas con el círculo más cercano del expresidente. El relevo de una por la otra en la presidencia de Morena permitió conservar los equilibrios internos, pero la conducción del proceso electoral quedó en otras manos.
A diferencia de López Obrador, que integró su primer círculo con políticos que transitaban la recta final de su carrera y, en algunos casos, con figuras sin trayectoria, Sheinbaum está colocando en posiciones estratégicas a cuadros de su absoluta confianza que están en franco ascenso, con el propósito de construir una nueva élite de poder dentro de Morena.
En los hechos, la disputa por las 17 gubernaturas trasciende la renovación de gobiernos estatales. Lo que está en juego es la construcción de la estructura territorial que respaldará el proyecto sucesorio de Claudia Sheinbaum, con una camada de gobernadores de mayor afinidad política y generacional con el delfín presidencial, Omar García Harfuch.
No es casual que el promedio de edad de la próxima generación de gobernadores morenistas ronde los 45 años, alrededor de 15 menos que el de quienes concluirán su mandato el próximo año. Es decir, Claudia está pensando en dejar la estructura morenista que se perfile a gobernar al país por lo menos durante los próximos 15 años.
Justamente este esquema hace que quienes se promueven como activos de López Obrador sean los que menos posibilidades tengan. Ahora es más importante la identificación con el proyecto que se construye desde Palacio Nacional.
La fotografía del fin de semana adquiere entonces otro significado. La cabecera de la mesa no necesariamente refleja la jerarquía estatutaria, sino el centro de gravedad del proceso. Ariadna Montiel conserva la conducción institucional del partido, pero Citlalli Hernández concentra la operación del mecanismo que definirá quiénes competirán por las gubernaturas.
Las formas, otra vez, revelan el fondo. En política, una silla nunca es solo una silla. A veces es la mejor manera de anunciar, sin decir una palabra, hacia dónde comienza a moverse el poder.




