Cuatro perfiles identificados con Andrés Manuel López Obrador quedaron fuera de las sucesiones en sus estados en 48 horas. El lunes, Raúl Morón en Michoacán. El martes, Rafael Marín Mollinedo en Quintana Roo, José Narro Céspedes en Zacatecas y Jesús Uribe en Baja California. En Guerrero, Félix Salgado quedó nulificado desde hace meses con la regla contra el nepotismo.
No se trata exactamente de una purga. Otros perfiles también identificados con López Obrador fueron rescatados, porque cumplen con los criterios establecidos por el claudismo. Imelda Castro, fundadora de Morena en Sinaloa. Nora Ruvalcaba, en Aguascalientes. Y quizá el caso más relevante, es el de Santiago Nieto en Querétaro. Con López Obrador dirigió la Unidad de Inteligencia Financiera, hasta que el propio expresidente lo cesó tras su lujosa boda en Guatemala. Claudia Sheinbaum lo recuperó.
Lo que cambió no es el origen de los cuadros, sino la vara con la que son medidos. La tendencia de los primeros 10 nombramientos se aleja de la selección de perfiles puramente ideológicos o vinculados de forma exclusiva a la vieja guardia leal a Andrés Manuel López Obrador, y privilegia a técnicos con capital político medible, funcionales a los equilibrios institucionales de la actual administración y de los gobernadores en turno.
Más que una ruptura total con los principios fundacionales, es una adaptación forzada por las circunstancias. La 4T transita de un movimiento de resistencia —donde la lealtad ideológica era el valor supremo— a un régimen consolidado de partido-gobierno, donde la sobrevivencia institucional exige eficacia, perfiles más procesados y un control de daños frente a los errores del pasado: quedó atrás la máxima obradorista del 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de capacidad, la que tanta ineficiencia y problemas generó en la gestión pública.
Ninguno de los coordinadores y coordinadoras designados hasta ahora está involucrado en problemas judiciales ni bajo sospecha de algún ilícito. Morena evitó postular figuras que representaran un costo político insostenible o un flanco indefendible frente a la oposición.
La gobernadora Mara Lezama lo dijo hace menos de una semana con otras palabras: la presidenta gobierna con sello propio. Los nombramientos lo confirman mejor que el discurso.
En la 4T han cobrado conciencia de que ya no se trata de ganar con quien sea, sino con quien pueda ejercer el cargo sin darle municiones a la oposición. Morena terminó de dejar el activismo para instalarse como aparato de gobierno, con cuadros capaces de administrar.
La 4T pasó de la etapa en que la lealtad era el mérito a otra en que el mérito es tener la capacidad de empujar la carreta, en lugar de ser una carga para la carreta. Es un cambio de paradigma, no exento de fisuras, como la continuidad de los Monreal en Zacatecas.
Pero hay que decir que la factura más cara no la están pagando los obradoristas desplazados, sino el PT, el aliado histórico de López Obrador, el partido por el cual el obradorismo postuló a sus primeros candidatos antes de crear Morena.
El PT no ha corrido con la misma suerte que el Verde, que ha sido un claro ganador con las designaciones ya realizadas. El petismo tiene heridas abiertas en Guerrero, y manifestó su inconformidad por la permanencia del monrealismo en Zacatecas.
Eso pega en Quintana Roo, pues Marín Mollinedo era propuesta del PT. Aunque el partido manifestó su apoyo a Eugenio Segura, el designado para la coordinación estatal, en las próximas disputas por distritos locales y ayuntamientos tendrá que escoger entre aceptar una participación menor dentro de la coalición o competir por su cuenta en 2027 con la estructura que le quede, como amagó en más de una ocasión.
Lo más probable es que, como siempre, se vaya a la cómoda: aceptar lo que le den, a cambio de votos que le permitan mantener su registro.
Correo: [email protected]
X: @JulioCsarSilva | @PalcoNoticias




