En Playa del Carmen existe una maldición no escrita: ninguna alcaldesa ha logrado reelegirse, pero la actual presidenta municipal Estefanía Mercado Asencio puede romperla.
En los últimos diez años, el municipio se ha convertido en el péndulo perfecto del poder en Quintana Roo. En 2016 ganó Cristina Torres Gómez con las siglas del PAN-PRD. Intentó la reelección en 2018 y perdió contra la morenista Laura Beristain Navarrete. Laura quiso repetir en 2021 y perdió contra Lili Campos Miranda, del PAN. Lili intentó revalidar en 2024 y perdió contra Estefanía Mercado, de Morena.
Cuatro alcaldesas, cuatro intentos de reelección, cuatro fracasos. Entre el PAN y Morena se han alternado el poder en uno de los municipios más ricos del país y todas ellas no han estado exentas de la polémica y señalamientos de todo tipo.
Con el tiempo, Cristina Torres —la que abrió ese ciclo de alcaldesas— aterrizó en Morena y hoy es secretaria de Gobierno del Estado.
Ahora Estefanía Mercado ya manifestó su intención de buscar la reelección. Y debe tener la oportunidad que sus partidos les dieron a sus antecesoras. No solo por justicia política, sino porque tiene con qué.
Aunque las elecciones serán el próximo año, el proceso está encima, pues en unos días más Morena abrirá el registro a quienes aspiren a la coordinación municipal de la defensa de la transformación y la soberanía, que en los hechos significa la candidatura.
La reforma que prohíbe la reelección consecutiva a partir de 2030, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, hará que esta sea la última vez que un alcalde pueda intentar quedarse tres años más. Después de esto, no habrá otra. Por eso el 2027 en Solidaridad no es una elección más: es la última oportunidad para que una administración consolide proyecto.
Y si hablamos de méritos, Estefanía los tiene sin tanto choro y sin chambonería.
Primero, seguridad. Por primera vez un gobierno municipal invirtió con seriedad en este rubro. Más de 3,000 millones de pesos para adquirir patrullas y un helicóptero, con lo que se ha recudido en un 54% los índices de inseguridad.
Segundo, el cambio de modelo turístico. Estefanía le dio la vuelta al concepto “todo incluido”, que ha dominado en la industria turística en las últimas décadas. Lo convirtió en “Todos Incluidos”, con el objetivo de que la derrama económica no se quede encerrada en las pulseras de los resorts, sino que llegue a los hoteles pequeños, a los restaurantes del centro, al taxista, al artesano.
También impulsó la marca Playa del Carmen, que no es un logo más, sino una estrategia para que Playa compita con identidad propia.
Tercero, programas sociales de atención directa. No asistencialismo, sino beneficios que llegan directo a la gente, sin intermediarios. Esa ha sido la diferencia con las administraciones que solo repartían despensas en año electoral.
Y cuarto, obra pública. La que se ve y se usa. Cuarenta obras programadas y ejecutadas en 2025, más 27 en lo que va de 2026. Más de 65 obras en menos de dos años de gobierno.
Ahí están dos obras emblemáticas como la remodelación completa de la Avenida 10, una de las vías más importantes del centro y de la vida comercial; y la ampliación de la prolongación de la Avenida Constituyentes hacia Villas del Sol, que le abre paso y dignifica la movilidad a más de 150,000 personas que viven en un fraccionamiento de cinco etapas y que durante años estuvo aislado.
A eso se suma el arco de acceso en los límites con Puerto Morelos que más que un adorno, es un arco de seguridad, con cámaras, lectores y vigilancia permanente. Es la puerta donde empieza el orden.
Playa del Carmen no necesita experimentos ni regresiones. Necesita continuidad.
Estefanía Mercado puede ser la primera alcaldesa en romper la maldición de la no reelección. Y, por ley, la última que tenga el derecho a intentarlo. Sería injusto negarle a ella lo que se le permitió intentar a Cristina Torres, Laura Beristain y a Lilí Campos.
Si los playenses le dieron tres años para arrancar, lo lógico es darle tres más para consolidar.




