Transcripción de la conferencia dictada por el Dr. Miguel Borge Martín el 24 de agosto de 2026 en la Universidad Autónoma de Quintana Roo, campus Cancún
Sabemos que la masificación global del turismo comenzó en la década de los años 50. Antes de que eso fuera, existieron casos de movimientos aislados de pequeños grupos de personas, principalmente en Inglaterra, que hacían recorridos turísticos, pero no sería sensato decir que se trataba de un fenómeno masivo de carácter global.
Eso no quiere decir que a las personas de otras épocas no les hubiese gustado viajar, sino que tuvo que darse un proceso de adaptación y cambio que hiciera posible crear las circunstancias propias de los inicios de la actividad turística.
El ingreso per cápita se fue incrementando poco a poco en algunos países, al tiempo que se incrementó también el tiempo libre. Asimismo, tuvieron que ampliarse y ponerse a nuestro alcance mejores facilidades para viajar, antes de que surgieran los flujos de turistas que hoy conocemos.
El turismo de nuestros días no sería posible sin las facilidades que ofrece la transportación aérea. Más turismo implica más uso del avión, y con el desarrollo de aviones para más de 600 pasajeros, como el Airbus A-380 que ya es una realidad, deberá producirse una reducción en los precios de los viajes y un mejor aprovechamiento de los aeropuertos, lo que habrá de producir más cambios favorables para el turismo.
Por otro lado, los cruceros marítimos, que son verdaderos hoteles flotantes para un número grande de pasajeros, representan una opción atractiva para viajar, y generan una derrama económica en los puertos que tocan y en los sitios con atractivo turístico que se encuentran a unos cuantos kilómetros de distancia. Hoy tenemos cruceros turísticos con capacidades del orden de los 7,000 pasajeros y tripulaciones de poco más de 2,000 personas, lo que representa también un avance en la movilidad para el crecimiento del turismo, y aunque ya estamos familiarizados con los grandes cruceros turísticos, cabe decir que el primero, así considerado, fue para 180 pasajeros; es decir, casi el 2% de los grandes cruceros de hoy.
Debo decirles —aunque creo que ya deben haberse dado cuenta— que el turismo se ha convertido en una actividad sumamente importante a escala mundial. Lo que comenzó con la motivación de conocer diferentes lugares y diferentes países, y sólo estaba al alcance de un pequeño segmento de la población mundial, se extendió a diferentes ámbitos y a enormes volúmenes de viajeros, al facilitarse los viajes y ampliarse la oferta de los productos y conceptos que motivan a las personas a viajar.
Según las estadísticas, hoy el turismo representa poco más del 8% del Producto Económico Mundial, y en México su importancia económica fluctúa alrededor del 6% del PIB, aunque en años anteriores llegó a representar poco más del 8.5%, antes de registrar una caída histórica en el 2020.
Antes se viajaba para conocer y se decía que los viajes ilustraban. Hoy los viajes siguen ilustrando, pero la oferta turística se diversificó y permite hablar de toda una gama de oportunidades de hacer o practicar el turismo: turismo de sol y playa, de bienestar corporal, ecológico, de aventura, grupal o de congresos y convenciones, de incentivos, de compras, de golf, de bodas, de pesca, buceo, arqueología, cultural, de espectáculos, de juegos de azar, de parques recreativos o temáticos, etc., etc.
De nada le serviría a un destino contar con atractivos, y sobre todo de productos turísticos de primera calidad, si no los conocen los mercados. Por eso es muy importante la promoción, que hace llegar a los diferentes mercados la información que les puede interesar, buscando motivar los viajes a los diferentes destinos turísticos que existen.
En una amplia generalidad de los casos, el turista no es una persona quieta. Elige un destino y cómo va a llegar a él (avión, automóvil, autobús, barco, tren, etc.), y organiza una serie de actividades, transportándose a diferentes lugares para satisfacer los objetivos que lo impulsaron a viajar.
Los turistas, al pagar por los servicios que reciben a cambio de satisfacciones, reparten su presupuesto de viaje entre diferentes manos, imprimiéndole mucha movilidad al dinero, que hace que los resultados y beneficios se multipliquen más que si la misma cantidad se gastara en forma concentrada. Por eso el turismo es una actividad económica con alta capacidad de generación de empleos y de distribución del ingreso que se genera. Cancún, por ejemplo, dio origen a un importante estrato de clase media, y este fenómeno se sigue produciendo donde el turismo sigue generando la dinámica económica de la comunidad.
Al respecto de lo anterior, en economía existe un concepto que se conoce como la velocidad con la que se mueve el dinero. Es un concepto que casi no se usa, pero que sirve para ver cómo, en ciertos casos, los efectos del dinero se multiplican porque el dinero se mueve. Aludo a este concepto, porque muchos de ustedes seguramente conocen o recuerdan aquel cuento o relato popular del señor de cierta edad, que llega al hotel de un pueblo pequeño, manejado por su propio dueño, pregunta por el precio de un cuarto y el dueño le dice que son $100 dólares. El viajero le entrega los $100 dólares y el dueño le pide a su ayudante que le muestre al señor, con lujo de detalles, todo lo que ofrece el hotel. Todo está cerca en el pueblo, y en lo que se hace el recorrido del señor, el dueño sale y le paga al carnicero los $100 dólares que le debía; el carnicero va y le paga los mismo $100 dólares al plomero; el plomero corre a pagarle al de la farmacia los $100 dólares que también le debía; el de la farmacia va y le paga a una señora los $100 dólares que le debía desde la última vez que se vieron, y la señora corre a pagarle al dueño del hotel por el uso de sus cuartos. Este ejemplo ilustra lo que el turismo sabe hacer bastante bien, porque haciendo a un lado las concentraciones de dinero de los grandes consorcios hoteleros, el dinero que mueve el turismo se mueve con bastante velocidad.
Aparte de la velocidad, otra característica propia del turismo, es que lleva dinero de una parte hacia otra parte, porque el comprador tiene que adquirir el producto en el lugar en el que se encuentra. No se puede trasladar la oferta y lo que se tiene que trasladar es la demanda. Para disfrutar del Museo del Louvre o de nuestras zonas arqueológicas, tenemos que ir a París o venir a visitar los sitios arqueológicos del maravilloso Mundo Maya. No puede ser de otra manera. Por eso el turismo realiza exportaciones, que se conocen como exportaciones invisibles.
Con el turismo, quienes viajan llevan dinero a los lugares donde deciden pasar sus vacaciones. El turismo actúa entonces como un factor de nivelación de las disparidades que hay en la distribución regional del ingreso, en los planos nacional e internacional, sin que esto signifique ignorar a las empresas que acaparan grandes volúmenes del producto turístico.
El turismo es también un agente del intercambio social y cultural. La presencia de turistas incide en la actitud y formas de ser de las personas de los lugares visitados, a lo que se suma la influencia que se da a través de los intercambios personales. Y en sentido contrario, los turistas regresan a sus lugares de origen llevando las influencias que recibieron durante su viaje.
Para hacer turismo hay que viajar. Los sitios con atractivos e interés turístico se encuentran distribuidos aleatoriamente a lo largo y ancho del planeta. Un lugar cercano al de nuestra residencia puede ser atractivo, pero iremos como visitantes y no como turistas, precisamente porque nos queda cerca. Los satisfactores del visitante son distintos a los del turista. El visitante se desentiende de algunas cosas, porque están incorporadas a su rutina diaria o de fin de semana, y no se motiva como se motivan a los turistas. Para hacer turismo hay que alejarse de lo rutinario. Otros vendrán a hacer turismo a nuestro lugar habitual, pero nosotros tenemos que salirnos de él para poder sentirnos turistas.
Cuando viajamos, nos interesa sacar el mayor provecho posible de nuestro presupuesto de viaje: convertir el gasto en satisfacciones, experiencias, relajamiento y algunas otras cosas más que enriquecen nuestra vida personal y familiar y nos permiten disiparnos, para luego regresar al ritmo de lo rutinario. Es decir, el turista espera recibir servicios de calidad, acordes con lo que paga, y un trato cálido y cordial de los lugareños. Quienes recibieron durante su viaje molestias o mal servicio, no aconsejarán la visita ni quedarán invitados a regresar.
Debo decirles que el turismo repetitivo es muy importante, porque pasando el tiempo contribuye a garantizar un mínimo de ocupación, que es el resultado de la calidad-precio de los atractivos, de la calidad con que se ofrecen los servicios y de la calidez del trato que reciben de los lugareños.
También se viaja en ocasión de congresos, convenciones o grupos de incentivos, con colegas de profesión, de actividad o de fuente de empleo. En estos casos es usual que los organizadores piensen en destinos turísticos que cuentan con apoyos logísticos y facilitan el diseño de programas interesantes para los acompañantes. Las actividades grupales configuran un mercado afín al mercado turístico, y comparten atributos del turismo convencional.
Entre las cosas que más significado tuvieron durante mi estancia como Director General de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Cancún (OVC) y como Director General de su Centro de Convenciones, está el haber logrado la acreditación de Cancún como un destino apto y altamente calificado para el turismo grupal que nos hizo la ICCA (International Congress and Conventions Association), al decidir celebrar uno de sus congresos anuales en Cancún, cuando competíamos con El Cairo y con París. Esto significó el fin de las temporadas bajas, porque el turismo grupal aprovecha el período de las tarifas bajas de alojamiento y de transporte para llevar a cabo sus eventos.
En los últimos tiempos se ha multiplicado la rapidez con que se desenvuelve la vida. A diario la tecnología facilita y amplía las posibilidades de lo que hacemos y acelera el ritmo y la intensidad con que aprovechamos nuestro tiempo libre. Tratándose del transporte aéreo, no sólo se ha reducido la lejanía geográfica al acortar tiempos, sino que se ha reducido también la lejanía económica, que hace del avión un medio más accesible para un mayor número de personas, de las cuales, una gran parte son turistas.
Al utilizar el avión a precios relativamente bajos, el turismo amplió sus fronteras. Adicionalmente, la modalidad de los vuelos de fletamento —o vuelos charter— con tarifas bajas y buena rentabilidad para las empresas transportadoras, aporta también su contribución al movimiento turístico mundial.
El crecimiento turístico representa una gran expectativa para los empleos e ingresos de muchos miles de personas. Todavía existen a escala mundial innumerables atractivos de gran calidad que son visitados con poca frecuencia por grupos reducidos de turistas, lo que significa que hay mucho turismo por desarrollar.
Los destinos del Caribe Mexicano, que surgieron como destinos de sol y playa, son hoy multidestinos que ofrecen una gama amplia de opciones a sus visitantes.
El turismo no se detiene; la oferta del turismo estatal sigue creciendo, y a ese crecimiento se suma la oferta del Caribe Internacional, dificultando la comercialización y el equilibrio de tarifas en la zona. Todos los días tenemos que actualizarnos, crear nuevos productos y hacer un gran esfuerzo de promoción para que la oferta se conozca y se venda. Tenemos que trabajar a diario para mejorar la calidad de lo que ofrecemos y para ampliar nuestra cultura turística y, muy importante, tenemos que promover nuestros atractivos, para que se conozcan y se vendan.
Las tendencias del turismo de hoy son distintas a las de hace algunos años, y nuestros atractivos deben aprovecharse integralmente para poder satisfacer y beneficiarse de mercados que valoran de manera distinta los productos turísticos. También debemos vincular de mucho mejor manera al turismo con el cuidado ecológico y medioambiental ya que, en la medida en que por voracidad o descuido lastimamos los equilibrios de la naturaleza, ponemos en serio riesgo la sustentabilidad de la actividad turística y, desde luego, nuestra sana coexistencia con nuestro hermoso planeta Tierra. No tengo la menor duda de que en unos cuantos lustros, muchos turistas escogerán los destinos que visiten, tomando en cuenta lo que hagan para ahorrar energía, proteger el medio ambiente y cuidar los recursos naturales. De no ser así no los visitarán.
Lo que acabo de decir es bastante delicado porque cuidar a la naturaleza no significa no tocarla, sino no alterar sus estados de equilibrio o, en su caso, compensarlo para que no se produzcan cambios que nos afecten y que afecten también, en forma irreversible, a la propia naturaleza. Esto no quiere decir que la naturaleza no se pueda tocar, sino que si la tocamos lo hagamos con el cuidado necesario para restablecer equilibrios, para evitar alteraciones irreversibles que conduzcan a resultados indeseables.
Si las normas ecológicas se aplican con rigidez, sin considerar las acciones que se puedan tomar para garantizar la conservación de los equilibrios y su sustentabilidad, nos amarramos las manos para hacer crecer en el estado, de manera sana, la economía derivada del turismo.
Si se pueden generar cambios en los equilibrios que deben existir en nuestra relación con la naturaleza, si se aplican las medidas compensatorias necesarias. Deberá buscarse siempre el equilibrio entre el aprovechamiento de los recursos naturales y el bienestar de la población o desarrollo social, porque de no ser así cancelaríamos el crecimiento y el progreso en una entidad turística por excelencia como es Quintana Roo.
A dónde vamos a llegar con el turismo no lo sé. Siempre hay más de un camino para llegar a donde uno quiere ir. Cada camino es diferente, con experiencias propias —es decir, dialéctico— con ajustes, errores y rectificaciones. Decía un maestro que nada se puede entender cabalmente al margen de sus circunstancias. Sin embargo, lo verdaderamente importante es la continuidad en los esfuerzos; eso que llamamos perseverancia. Pero antes que el esfuerzo está la voluntad, la fe, la convicción de que lo que se hace vale la pena, para uno mismo y para los demás. Ese es el verdadero camino que deberemos seguir.
Muchas gracias.
*Gobernador de Quintana Roo de 1987 a 1993. Fundador de la Universidad Autónoma de Quintana Roo




