Del 27 de noviembre al 8 de diciembre de 1939, el general Lázaro Cárdenas del Río recorrió durante once días el entonces Territorio Federal de Quintana Roo: Isla Mujeres, Cozumel, Tulum, Xcalak, Chetumal, Bacalar, la ribera del Río Hondo, Vigía Chico y Carrillo Puerto. Fue el primer presidente de la República que pisó estas tierras en una gira de trabajo.
Casi 87 años después, Claudia Sheinbaum Pardo llegó la tarde del jueves a Tulum y permanecerá en el estado hasta el domingo, en la estancia presidencial más prolongada para atender asuntos propios de Quintana Roo desde aquella expedición cardenista.
Los motivos oficiales del viaje son reales y urgentes. El recale masivo de sargazo golpeó la temporada turística y exige algo más que palas y bandas en la playa; el conflicto por los cobros y el acceso en el Parque del Jaguar mantiene inconformes a comerciantes y prestadores de servicios de Tulum; el Tren Maya de carga y sus nuevas locomotoras requieren supervisión presidencial.
A ello se suman la entrega de escrituras en Playa del Carmen, la revisión del programa de vivienda en Cancún y dos conferencias mañaneras con el mar Caribe como telón de fondo, la del viernes desde la base aérea de Tulum y la del domingo desde la estación del Tren Maya del aeropuerto de Cancún, en la que promete presentar la estrategia integral contra la macroalga.
Sin embargo, la agenda oficial es apenas la mitad de la historia.
Y es que la gira llega en el momento exacto en que la Presidenta necesita tomar distancia de la estridencia capitalina, de las preguntas que se repiten mañana tras mañana en Palacio Nacional sobre los presuntos nexos de figuras de su movimiento con el crimen organizado, con los escandalosos audios atribuidos a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, y el expediente de Sinaloa como los episodios más incómodos. Ninguno de esos asuntos se resuelve desde una sala de prensa, pero todos se sobrellevan mejor caminando en la playa.
¿Y por qué Quintana Roo y no cualquiera de las otras 31 entidades? Porque aquí la Presidenta encuentra lo que escasea en el resto del país: sosiego, paz, tranquilidad. La gobernadora Mara Lezama Espinosa le entrega soluciones y no problemas, cifras y no escándalos, territorio ordenado y no fuegos por apagar. No es casualidad que ésta sea ya la tercera visita presidencial del año, después de la Convención Bancaria de marzo y la inauguración del puente vehicular Nichupté en mayo.
De hecho, la figura de la gobernadora quintanarroense ha crecido de manera sostenida al interior de la Cuarta Transformación, justo en la proporción inversa en que se han desfondado otras y otros gobernantes del movimiento. Y hay quien asegura, en los corrillos guindas, que a la Presidenta le gustaría tener más Maras en su gabinete.
Hoy, en la mañanera que ofreció en Tulum a Claudia Sheinbaum se le vio sonriente, relajada, sin la tensión en el rostro que suele reflejar en Palacio Nacional.
La Presidenta reaparecerá el lunes en la capital con una estrategia contra el sargazo bajo el brazo y cuatro días de paz caribeña en el ánimo, pero en la Ciudad de México se reencontrará con mareas que ningún barco sargacero puede pescar.- 17 de julio de 2026.
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