PLAYA DEL CARMEN, 16 de abril.— En lo que representa la primera repercusión directa de la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre el uso de elementos de la cultura maya, Grupo Xcaret anunció la suspensión de la Travesía Sagrada Maya en su edición de este año, en una decisión que calificó como voluntaria y preventiva.
La empresa informó que esta determinación busca evitar que la realización del evento pueda interpretarse como un acto de confrontación con las autoridades responsables del patrimonio cultural en México, aun cuando —subrayó— no ha existido hasta ahora una instrucción específica en ese sentido.
Asimismo, explicó que el objetivo es proteger la viabilidad a largo plazo de esta tradición, evitando riesgos que puedan generar incertidumbre o tensiones entre las comunidades participantes y las de la región.
La decisión, confirmó Iliana Rodríguez, directora corporativa de sostenibilidad y diálogo institucional del consorcio turístico, responde a la intención de evitar fricciones en medio del nuevo contexto jurídico.
“No queremos ser pretexto para generar fricción”, expresó la directiva, en referencia al debate abierto tras el fallo del máximo tribunal del país, que ha puesto bajo revisión el uso de símbolos, rituales y representaciones culturales indígenas en publicidad comercial y espectáculos.
Un fallo que reabre el debate
La resolución de la SCJN ha encendido una discusión de fondo sobre los límites entre la promoción turística y el respeto a los derechos culturales de los pueblos originarios, particularmente en el caso de la cultura maya, ampliamente utilizada como elemento de identidad en el Caribe mexicano.
El fallo establece criterios más estrictos sobre el uso, representación y posible explotación comercial de elementos culturales indígenas, lo que ha generado incertidumbre en empresas, autoridades y comunidades.
En este contexto, también ha resurgido la polémica en torno a los acuerdos previos entre Grupo Xcaret y organizaciones que se presentan como representantes de comunidades mayas.
Uno de los puntos más controvertidos es el pago de 15 millones de pesos que el consorcio turístico habría entregado al llamado Gran Consejo Supremo Maya. Sin embargo, el destino de esos recursos no ha sido claramente transparentado.
Diversos pobladores mayas han señalado que dicho monto no se tradujo en beneficios directos para sus comunidades, lo que ha alimentado cuestionamientos sobre la legitimidad de la representación de estos organismos y sobre quién debe autorizar el uso de expresiones culturales ancestrales.
Este debate ha puesto sobre la mesa un tema sensible: la diferencia entre la consulta formal a organizaciones y la participación real y efectiva de las comunidades indígenas.
Una tradición rescatada tras siglos
La Travesía Sagrada Maya es uno de los eventos culturales más emblemáticos de Quintana Roo. Se trata de una recreación histórica del antiguo peregrinaje que realizaban los mayas desde Polé —actual Xcaret— hacia la isla de Cozumel para rendir culto a la diosa Ixchel, deidad asociada a la luna, la fertilidad y la medicina.
Este recorrido marítimo, de aproximadamente 30 kilómetros a través del Caribe, es realizado en canoas de madera impulsadas únicamente por remo, en una representación que combina elementos históricos, rituales y comunitarios.
Tras haber permanecido en el olvido durante más de cinco siglos, esta tradición fue rescatada hace 19 años por Grupo Xcaret, con base en documentación de expertos, con el objetivo de enaltecer la cultura maya.
Desde su recuperación, la travesía ha sido adoptada por la población local, alcanzando un total de 5,322 participantescomo canoeras y canoeros a lo largo de sus distintas ediciones.
Para este año, un total de 333 remeros ya se encontraban completamente preparados para participar en el cruce, todos ellos provenientes de comunidades de Playa del Carmen, Cancún, Tulum y Cozumel.
Adicionalmente, alrededor de 300 personas formaban parte del elenco voluntario, integrado por danzantes y artistas de la comunidad, incluyendo mujeres mayores de 60 años, así como niñas, niños y adolescentes provenientes de Playa del Carmen, Cozumel, Tulum y comunidades mayas de Tihosuco, Chunhuhub y Felipe Carrillo Puerto.
Cada año, la travesía reúne a entre 300 y 400 participantes directos, además de miles de espectadores que siguen el recorrido tanto en tierra firme como en la isla de Cozumel, consolidándose como uno de los principales atractivos culturales de la Riviera Maya.
Tradicionalmente realizada entre mayo y junio, la Travesía Sagrada Maya ha sido promovida no solo como un espectáculo turístico, sino como un ejercicio de rescate cultural y de conexión con las raíces ancestrales de la región.
Sin embargo, la suspensión de la edición 2026 marca un punto de inflexión.
El fallo de la SCJN no solo impacta a Grupo Xcaret, sino que podría sentar un precedente para toda la industria turística del sureste mexicano, particularmente en destinos donde la identidad maya forma parte central de la oferta.
Grupo Xcaret señaló que esta pausa debe entenderse como un acto de cuidado hacia la tradición y las comunidades que la mantienen viva, y expresó su confianza en que el diálogo institucional permita generar condiciones de certeza jurídica para retomar esta celebración en el futuro.
Por ahora, la ausencia de la Travesía Sagrada Maya en 2026 deja una pregunta abierta: quién decide, en adelante, cómo, cuándo y bajo qué condiciones puede representarse la cultura de los pueblos originarios en México.




