BACALAR.— La selva maya, considerada el segundo macizo forestal más importante de América Latina después del Amazonas, enfrenta en Quintana Roo un proceso sostenido de pérdida de cobertura vegetal que se ha intensificado en los últimos años, particularmente en la zona sur del estado.
Este escenario es el que da contexto a la reciente firma de un convenio interinstitucional para frenar el desmonte y fortalecer la protección del territorio.

Más que un hecho aislado, el acuerdo encabezado por la gobernadora Mara Lezamajunto con la titular de PROFEPA, Mariana Boy Tamborrell, responde a una problemática que se ha acumulado durante al menos la última década en distintas regiones del estado.
De acuerdo con datos presentados por autoridades estatales, en los últimos 15 años Quintana Roo ha registrado una reducción importante de su cobertura forestal. Municipios como Bacalar, Othón P. Blanco, Felipe Carrillo Puerto, Lázaro Cárdenas y Benito Juárez concentran cerca del 80% de la deforestación documentada en ese periodo.
Este proceso ha sido gradual, pero constante, y se explica por una combinación de factores:
• Expansión de actividades agrícolas
• Crecimiento urbano y turístico
• Cambios de uso de suelo en zonas rurales
• Intervenciones irregulares en terrenos de propiedad social
🚜 El sur del estado, punto crítico
En municipios del sur de Quintana Roo, particularmente en Bacalar y Othón P. Blanco, se ha observado la apertura de nuevas superficies agrícolas mediante el desmonte de selva.
Parte de estas transformaciones se vincula con la expansión de comunidades menonitas en la región peninsular, cuyo modelo de producción agrícola mecanizada ha implicado la incorporación de amplias extensiones de terreno al cultivo. Este fenómeno, documentado también en Campeche y Yucatán, ha contribuido a la modificación del paisaje forestal en diversas zonas.
⚖️ La clave: el territorio ejidal
Uno de los elementos centrales del convenio firmado es la atención a los núcleos agrarios. En Quintana Roo, el 84.3% del territorio pertenece a ejidos y comunidades, lo que coloca a estas áreas en el centro de cualquier estrategia tanto de conservación como de aprovechamiento productivo.
El acuerdo busca fortalecer la coordinación entre dependencias para:
• Compartir información sobre la tenencia de la tierra
• Mejorar la vigilancia ambiental
• Dar seguimiento a cambios de uso de suelo
• Acompañar a ejidos en procesos de regulación
🌎 Una selva estratégica para la región
La selva maya no solo destaca por su extensión, sino por su función ambiental. Es clave en la regulación del clima, la captación de agua y la conservación de biodiversidad en la península de Yucatán.
Su deterioro tiene implicaciones que van más allá del ámbito ambiental, al impactar actividades económicas como el turismo y la disponibilidad de recursos naturales.
🔎 El contexto detrás del convenio
La firma del acuerdo en Bacalar se inserta en este escenario de presión creciente sobre la selva. Más que un punto de llegada, el convenio refleja la necesidad de articular acciones entre autoridades agrarias y ambientales frente a cambios en el uso del suelo que se han venido registrando en los últimos años.
El reto, hacia adelante, será cómo estas acciones se implementan en territorio, particularmente en zonas donde confluyen propiedad social, actividad productiva y conservación ambiental.




