Que lejos se está del entusiasmo y participación mundialista de “México 86”, la última ocasión en que el país fue anfitrión de la copa del mundo de futbol.
La FIFA ha hecho del balompié uno de los negocios más rentables del planeta bajo la apariencia de una celebración deportiva universal, dejando muy atrás el espíritu de la cascarita de barrio que pasó a la privatización.
Si bien no es nuevo que los gobiernos anfitriones destinen millones en recursos para en infraestructura, seguridad y servicios públicos para cumplir las exigencias del organismo rector del futbol mundial, el reparto de ganancias queda en un núcleo concentrado, incluyendo la Federación de Futbol.
A ello sumarle las infinitas restricciones que se han puesto en no publicar, mencionar, difundir o transmitir absolutamente nada que no sea con previo pago con sanciones millonarias, le han quitado todo el sentido de convivencia.
Al país anfitrión, se le limita vivir la fiesta del balón, con boletos inaccesibles, precios desorbitados por todo y, para colmo, terminas sometido a reglas que privilegian a intereses privados por encima del bienestar colectivo. Ni en casa estas exento al tener que pagar si quieres ser parte de la festividad.
Los mexicanos no son invitados al mundial, los invitaron a esconderse en su propio país.
En tanto la fiesta está afuera con la inconformidad por el falló a favor de la FIFA y suspender las medidas que permitían a propietarios de palcos y plateas ingresar alimentos y vehículos al Estadio Azteca y con la advertencia de afectar el partido inaugural.
La CNTE con protestas en la Ciudad de México, bloques, campamentos y poniendo un foco de presión, tanto que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum puso en duda su presencia en el Fan Fest del Zócalo.
Familiares de desaparecidos, pensionados de Pemex organizaciones de transportistas y campesinos, también mantienen protestas.
Insisto, no es que hace 40 años no hubiera conflictos y problemáticas, es la tecnología quevino a robar privilegios y hacer de la convivencia un ruin negocio. La multa que mata la fiesta, un mundial que no es para todos.



