Con un ramo de flores en las manos, una oración en los labios y los recuerdos a flor de piel, cientos de familias acudieron este domingo al panteón Los Olivos para celebrar el Día del Padre junto a aquellos que ya partieron, pero cuya ausencia sigue ocupando un lugar especial en sus corazones.
Desde las primeras horas del día, hombres, mujeres y niños llegaron al camposanto para limpiar lápidas, colocar arreglos florales y dedicar unos minutos de silencio a quienes fueron el sostén de sus hogares. Algunos llevaron fotografías, otros compartieron alimentos y no faltaron quienes, entre lágrimas y sonrisas, evocaron las enseñanzas y anécdotas que dejaron sus padres.
Aunque la afluencia es menor que la registrada cada 10 de mayo, visitantes y trabajadores del cementerio coincidieron en que el Día del Padre ha cobrado mayor importancia con el paso de los años, convirtiéndose en una fecha de profundo significado para las familias mexicanas.
Alrededor de muchas tumbas se reunieron varias generaciones. Hijos, nietos y bisnietos se abrazaron para recordar a ese hombre que con trabajo, consejos y sacrificios marcó sus vidas. “Es un buen tipo mi viejo”, se escuchó decir a más de uno la frase de la canción Mi Viejo mientras las emociones se mezclaban con la nostalgia.
En medio del silencio y las flores, Los Olivos se transformó en un espacio donde el amor venció a la ausencia. Porque para muchos, los padres nunca se van del todo; permanecen vivos en las historias, en las enseñanzas y en cada recuerdo que sigue acompañando a sus seres queridos.




